"Y un día dije que no podía creer que me cuidé 160 días para tener esto. Y ahí el virus se enojó. El sábado me empezó a afectar muchísimo. Empecé con mucha fiebre. Me molestaba mucho la luz. Vi la final de la Champions el domingo ese solamente esas dos horas. Dormí en el entretiempo, estaba muy mal, la vi con trapos en la frente. Mi esposa en un momento dejó de cuidarse y entraba como si fuese una enfermera. Porque me veía realmente mal. Los médicos me hacen un seguimiento. Ese jueves me había llamado uno y me dijo que estaba a una semana del alta. Bárbaro, genial. Mi familia dio negativo, todos. Entonces dije que lo resolvía rapidísimo", expresó.
Y enfatizó: "Ese domingo ya tuve 38.5 de fiebre y el lunes me fui a la clínica a internar y los estudios tenían afectados los pulmones. En ese momento no era de preocuparse. Tenía un 25% afectado. Los médicos me dijeron que me dejaban por las dudas. Querían hacerme un seguimiento. Y después la cara de los médicos era de preocupación. Yo los veía una vez por día al clínico y al infectólogo. Venía una enfermera que se llama Alicia como mi mamá, en ese momento entendí que nada era casualidad. Me interné el lunes, el martes empeoró y el miércoles peor aún. Ahí los médicos me dijeron que me recomendaban ponerle plasma que creían que era la solución para mi cuerpo porque el virus empezó a afectar seriamente los pulmones, tenía el 40% afectado ya. Ahí me largué a llorar porque la vi complicada. Mi esposa era la única que estaba al tanto. El resto nadie. El periodismo se enteró que estaba internado el jueves".
De su familia, solo su esposa estaba al tanto del cuadro. Ni sus amigos ni compañeros de trabajo. Una charla muy fuerte y concientizadora para escuchar de punta a punta: