Boca y la hora de la posverdad
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Boca y la hora de la posverdad

La derrota con Estudiantes acaba con los más de 600 días como líder, que fueron en este tiempo la excusa perfecta para disimular las carencias en su funcionamiento.

El bicampeonato del equipo de Guillermo, por el poderío de su plantel, resultó consecuencia lógica de apariciones, momentos o rachas individuales y pocas veces colectivas.

Mientras festejaba la Superliga sufría para llegar a octavos de la Libertadores (su obsesión), y caía sin atenuantes en aquella final con River. Y volvían las dudas que quedaban disimuladas por triunfos pasajeros en el torneo local.

Es necesario reconstruir este tiempo para entender la distorsión de la realidad de quienes analizan a este Boca prescindiendo de una mirada más profunda.

Barros Schelotto gestiona abundancia. Y esto lo expone aún más. Será incapacidad o pereza del entrenador no darle una identidad a un equipo con tantos jugadores de jerarquía.

No se advierte desarrollo de una idea con el paso del tiempo. Ni mucho menos adaptación para liberarse de los obstáculos que le planteó desde el fervor, el joven Estudiantes.

Mucho se discutirá por estas horas si Boca perdió porque el Mellizo quitó a Wanchope Abila para jugar con Mauro Zárate de 9. Y en realidad, esto es secundario cuando el problema central pase por la falta de claridad de su mediocampo y la poca solidez de su defensa, a la que ayer le hicieron un gol de pelota parada que se inventó hace 50 años.

Está a tiempo de revisar y corregir el entrenador. Definir roles y funciones con convencimiento. Parece no tener claro cómo optimizar los recursos que son variados y ricos. Y esto si es una verdad irrefutable que no podrá alterar el relato mas edulcorado.