Por su parte, Angelici cree necesaria la figura del manager. Tapia la considera estéril. Prefiere que se elija antes a un coordinador de las selecciones juveniles. Y luego al entrenador de la mayor.
Hasta el predio de Marbella es objeto de visibles discrepancias: mientras Tapia lo justifica desde la presencia de casi 1000 pibes argentinos jugando en las juveniles de los clubes europeos, al presidente de Boca le parece un absurdo.
Aquella alianza para llegar al poder de la AFA se intuía forzada y oportunista. Los estilos de conducción son diferentes. Ambos en este tiempo jugaron una pulseada silenciosa. La salida de Sampaoli y el incierto rumbo de la selección se encargará de mostrar sus vanidades y sus miserias.