Me cuesta entender que resulte genuino el deseo puertas para adentro, tanto en River como en Boca, de enfrentarse en una posible final de la Copa Libertadores. Los daños para quien la pierda serán devastadores por mucho tiempo. Uno, River, porque se muestra como el astuto estratega de los últimos duelos, pero asumiría todos los riesgos de dilapidar esta hegemonía. Y otro, Boca, porque quedaría marcado dentro de una era de derrotas frente a su rival de siempre que podrían tener un fuerte peso histórico. En consecuencia, ante tanto morbo, todo el mundo que sienta el fútbol desde Boca y River tendrá preferencia por evitar ese duelo en una definición de Libertadores.
