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Aniversario del atentado (foto Telam)
Fue así como se gestó, a dos años del ataque, el injustificable pago de 400 mil dòlares al principal acusado que tuvo la causa, el reducidor de autos Carlos Telleldín, para que prestara una declaración en la que terminó acusando a policías bonaerenses de haberse llevado la camioneta Trafic. Policías que resultaron absueltos gracias a ese pago y llevaron al banquillo al juez de la causa, los fiscales y hasta al entonces poderoso jefe de la SIDE del menemismo, Hugo Anzorreguy.
Así la justicia terminó avanzando sobre los delitos que se cometieron a lo largo de la causa y dejó de explicar qué se hacía en el nudo central de la investigación: encontrar y castigar a los que pusieron la bomba.
¿Los acusados? Según dijo la justicia en 2006, fueron un grupo de funcionarios iraníes que recurrieron al Hezbollah, enojados por la política argentina de cancelar contratos de energía nuclear y alinearse con Estados Unidos. Funcionarios iraníes que, protegidos por su país, nunca aceptaron presentarse a la Justicia argentina y hoy circulan por el mundo –según el caso- pese a las alertas rojas de Interpol que pesan sobre cinco de ellos.
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Cristina Kirchner y su canciller Héctor Timerman (foto Telam)
El Memorándum de Irán, dijo el Gobierno de Cristina Kirchner, fue una manera de buscar destrabar ese estado de parálisis en el que se estaba la causa. Pero tanto la comunidad judía como los tribunales federales entendieron que, en realidad, era buscar hacer un pacto de impunidad. No faltaron en la escena especulaciones sobre sobre el cambio de actitud oficial entre los gobierno de Néstor y de Cristina con respecto a Irán y las versiones sobre algún favor pedido por el ex presidente venezolano Hugo Chávez.
Alberto Nisman, el fiscal que Néstor Kirchner había elegido para inaugurar una unidad especial que investigara el caso AMIA, acusó en enero de 2015 a la entonces presidente de encubrir a Irán. Y apareció muerto con un tiro en la cabeza en su departamento cuatro días después, a horas de presentarse en el Congreso con pruebas que prometían ser reveladoras. Después de idas y vueltas, la Justicia consideró que su muerte fue un asesinato ligado a su trabajo.
Si algo faltaba, Telleldín, el primer procesado que tuvo el expediente AMIA, el hombre que verborrágicamente marcó muchos de los tiempos de la causa a lo largo de la primer parte de la investigación, volverá a ser juzgado por la conexión local. Todavía sigue siendo un misterio quiénes fueron sus cómplices.