Las causas tienen, en definitiva, una dimensión procesal y una de especulación que lleva a regresiones infinitas que solo alimenta el desprestigio general.
La dirigencia política permanece como simple espectadora del clima de sospecha, aún cuando tiene un poderoso indicador para intervenir. De acuerdo a una encuesta reciente del ministerio de Justicia, la imagen negativa del Poder Judicial asciende al 71 %.
Es que los ciudadanos perciben la crisis.
El martes por la noche, Elisa Carrió, cuando presentó su libro, dijo que “ si fuese vicepresidente de Macri y veo entrar a Angelici a Olivos lo degüello”. Si una referente clave de Cambiemos tiene naturalizado de ese modo la existencia de operadores de todo calibre en la Justicia, ¿qué queda para las demás personas?
De hecho, ¿qué queda para las demás personas si tampoco se percibe un interés institucional real, firme y concreto para conocer a fondo la trama del caso “D’Alessio”? Preguntas obvias como ¿a quién respondía?, ¿por qué dijo lo que dijo en el momento de su detención?, ¿qué hacía en la playa de Pinamar con Stornelli? Permanecen sin respuesta clara y, lo peor de todo, es que no se sabe si el Estado de verdad quiere responder.
Entonces, mientras tanto, los ciudadanos debemos conformarnos con las protestas de la defensa de Cristina Kirchner que quiere ir rápido a juicio oral en la causa de los Cuadernos para conseguir justicia, con las protestas del escritor Centeno enojado porque le parece injusta su situación procesal y con las objeciones del bolsero José López que a la hora de criticar la investigación del juez Claudio Bonadio señala que no organizó ninguna asociación ilícita.
Indiferencia social, indiferencia ciudadana, instituciones contaminadas con intereses singulares y en medio de todo ello la vida colectiva. Nos preguntamos por qué el cantante “Pepo” manejaba por las rutas argentinas bebiendo vodka. Algunas de las causas residen en estos problemas que parecen lejanos, pero que tenemos demasiado cerca.