Ello justificaba la intervención policial con extrema cautela, pues “al portar Gómez un cuchillo, una aproximación a corta distancia para reducirlo era obviamente desaconsejada”.
Sin embargo, ambos advirtieron que cuando el oficial de la Policía de la Ciudad llegó al lugar y descendió de su motocicleta “la víctima no esgrimía el arma sino que, por el contrario, en una actitud pasiva, la tenía escondida detrás suyo”.
En ese escenario, el policía Ramírez “debió al menos evaluar con mayor reflexión la situación antes de patear intempestivamente a la víctima, frente al estado de intoxicación de ésta”.
La situación exigía al uniformado que “antes de actuar como lo hizo evaluara la situación con mayor detenimiento conforme a los parámetros que establecen las normas que guían su actuación”.
“Su conducta no se ajustó a los lineamientos impuestos por la ley”, resumieron, pero dejaron abierta la posibilidad de un cambio de calificación en el juicio oral: de “homicidio preterintencional” a “exceso en la legítima defensa”.
El tercer juez del tribunal, Juan Cicciaro, directamente se inclinó por confirmar el procesamiento y el embargo por dos millones de pesos tal como había sido dictado en primera instancia por la jueza de instrucción Yamile Bernan.
Si bien resta una medida de prueba sugerida por la Cámara, la causa quedó en condiciones de pasar a la etapa de juicio oral y público.