Bolivia no tiene en estos momentos quién ejerza el poder institucional del Estado plurinacional.

Bolivia no tiene en estos momentos quién ejerza el poder institucional del Estado plurinacional.
El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Williams Kalimán Romero, dijo en un comunicado: "Sugerimos al Presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial..."
Inusual, extraña y más que controvertida "sugerencia" de un mando militar al presidente de la república. Que además es su superior en una cadena de mandos.
Eso habilita para que desde Evo Morales a muchos líderes regionales se hable de un "golpe de estado".
Las fuerzas armadas,en ese breve comunicado dijeron algo más. La renuncia era necesaria "permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia".
Nada se dijo sobre quién debía el poder tras el pedido de renuncia al presidente.
Esta acefalía en el poder tiene un solo camino posible para mantener el orden democrático. Si las fuerzas armadas no tomaron el poder, corresponde seguir lo que marca el orden constitucional.
Renunciado Evo, debería sucederlo el vicepresidente. Pero Alvaro García, también renunció. Lo mismo hizo la tercera en la línea sucesoria, la presidenta de la Cámara de Senadores, Adriana Salvatierra.
La Constitución de Bolivia establece en su artículo 169 que “en caso de impedimento o ausencia definitiva de la Presidenta o del Presidente del Estado, será reemplazada o reemplazado en el cargo por la Vicepresidenta o el Vicepresidente y, a falta de ésta o éste, por la Presidenta o el Presidente del Senado, y a falta de ésta o éste por la Presidente o el Presidente de la Cámara de Diputados. En este último caso, se convocarán nuevas elecciones en el plazo máximo de noventa días”.
Como también renunció el presidente de la cámara de Diputados, Víctor Borda, el plano institucional se puede salvar con un doble mecanismo.
Primero, el Congreso de Bolivia, en una Asamblea legislativa desgina a un encargado del Poder Ejecutivo.
Inmediatamente, se produce el llamado a elecciones en un plazo de 90 días.
Ese es el otro problema grave para ese país hoy. Las elecciones presidenciales del pasado 20 de octubre terminaron en un escándalo que desató la presente convulsión social y política.
El último acto administrativo importante de Evo Morales, antes de renunciar como presidente fue, justamente, anunciar una nueva convocatoria a elecciones.
Eso es lo que está en juego ahora en Bolivia. Salvar a las instituciones, manteniendo la democracia y el estado de derecho.