Inmediatamente después de la masacre, comenzaron a surgir numerosos relatos sobre delitos sexuales sufridos durante la invasión. Los testimonios provinieron de todos los lugares donde se produjeron los ataques: hogares familiares, el festival Nova y bases de las FDI. Posteriormente, con la liberación de algunas de las mujeres secuestradas, también surgieron testimonios sobre violencia sexual en cautiverio, crímenes que pueden seguir ocurriendo ahora.
Muchas de las víctimas que han sido violadas y torturadas fueron asesinadas, sin haber podido expresar lo sufrido. Cuando la mayoría de las víctimas de agresiones sexuales son asesinadas, la Asociación de Centros de Crisis por Violación en Israel plantea “la obligación moral y humanitaria de amplificar su grito silencioso”.
Ante la pregunta tradicional de por qué no lo cuentan, el reporte aclara que la violencia sexual en circunstancias "normales" se caracteriza por una divulgación tardía. La mayoría de los casos no se denuncia hasta meses, años o incluso décadas después. A veces, nunca. La experiencia mundial indica que, en tiempos de guerra, la divulgación se retrasa aún más. Este proceso no debe acelerarse.
Después de que sus cuerpos han sido violados, se debe permitir que los sobrevivientes recuperen el control, lo que puede incluir contar sus historias en el momento que sea apropiado para ellos.
El análisis de los datos revela que la violencia sexual y de género ocurrió sistemática y deliberadamente en todos los ámbitos donde ocurrió la masacre del 7 de octubre, así como en cautiverio. Se investigó lo sucedido en los cuatro ámbitos: el festival de música “Nova”, los kibutzim y pueblos del sur, las bases de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el cautiverio.
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El festival de música “Nova” tuvo lugar al aire libre cerca del Kibutz Reím. Congregó a unos 4.400 asistentes. A las 6.22, sonaron las sirenas de alarma en la zona del festival y, poco después, se decidió cerrar el festival y dispersar a la multitud. Simultáneamente, terroristas se infiltraron en la zona con camiones y parapentes, secuestrando, agrediendo, asesinando y tomando cautivos a los asistentes.
Un día después de la masacre, se publicó en las redes sociales un video que mostraba a una mujer con un vestido rasgado, sin ropa interior, herida y con el rostro quemado. Los investigadores de la policía estimaron que había sido violada. La mujer que filmó el video (mientras buscaba a su amiga, quien luego resultó secuestrada) relató que le apareció una herida cortante en la pierna, que estimó fue causada cuando le cortaron la ropa interior. Varios sobrevivientes de la masacre brindaron testimonios de violaciones en grupo, donde las mujeres fueron abusadas y manipuladas por múltiples terroristas que las golpearon, las hirieron y finalmente las mataron.
El personal que trató y retiró los cuerpos testificó sobre muchos cuerpos que llegaban parcialmente vestidos o desnudos, sangrando abundantemente en el área pélvica y con mutilación de órganos genitales.
Durante el ataque del 7 de octubre, los terroristas entraron en casas de kibutzim y aldeas del Negev occidental. Según los testimonios de los rescatistas y las pruebas forenses, se encontraron señales de agresión sexual en muchas casas cercanas a la escena del crimen. En muchos casos, los actos se habrían cometido en presencia de cónyuges u otros familiares que se vieron obligados a ser testigos de la violencia. En el Kibutz Beeri, donde noventa de sus residentes fueron asesinados, se recogieron varios testimonios sobre los cuerpos de mujeres y niñas que fueron violadas, la mayoría en sus dormitorios, parcialmente vestidas en pijama.
La información sobre los incidentes en las bases de las FDI es relativamente limitada, pero también incluye agresiones sexuales y por motivos de género. El personal de rescate que atendió los cadáveres describió los de las mujeres soldado con signos de violencia sexual. Moshe Pinchi, un oficial de la policía israelí, mostró al New York Times un vídeo en el que aparecían dos soldados que recibieron disparos en los genitales, que fue filmado por agentes de Hamás y recuperado por las FDI.
La información sobre agresiones sexuales y de género que ocurrieron durante el cautiverio comenzó a acumularse con el regreso de los rehenes a Israel.
Los testimonios publicados indican que tanto hombres como mujeres fueron agredidos sexualmente durante el cautiverio. Chen y Agam Goldstein, una madre y su hija adolescente que fueron secuestradas de su casa en Kfar Aza y liberadas después de 51 días en cautiverio, señalaron que se encontraron con al menos con tres mujeres rehenes que sufrieron agresiones sexuales durante el cautiverio.
Aviva Sigal, que también fue secuestrada en su casa en Kfar Aza y liberada después de más de cincuenta días en cautiverio, también habló sobre agresiones sexuales a mujeres jóvenes, incluido un caso en el que vio a una joven inmediatamente después de haber sido agredida cuando la llevaban al baño. Aviva testificó que los militantes de Hamas convirtieron a mujeres y hombres en “marionetas pendiendo de una cuerda”.
Patrones de agresión sexual
Hubo dos tipos de violencia: prácticas de violación en guerra y prácticas sádicas. Las primeras implicaron uso sistemático de violencia brutal para cometer violaciones, múltiples abusadores y violación en grupo, violación en presencia de familiares o miembros de la comunidad y abusos sexuales contra hombres (en algunos casos, sus órganos íntimos fueron mutilados).
Un paramédico que describió las heridas afirmó que también fueron infringidas a los hombres y que “había muchas heridas de bala allí. Los disparos estaban dirigidos a órganos sexuales. Lo vimos mucho. Tenían algo con los órganos sexuales”. Los equipos médicos que trataron a los rehenes que fueron liberados del cautiverio informaron que los hombres también fueron agredidos sexualmente en cautiverio.
Testigos presenciales de violaciones en el festival Nova describieron casos en los que los terroristas dispararon a las víctimas en la cabeza durante la violación o inmediatamente después. Según un sobreviviente del festival Nova, Sapir, en un caso, el violador “le disparó en la cabeza mientras la violaba, ni siquiera se subió los pantalones”. Yoni Saadon describió cómo “cuando terminaron se reían”.
Se considera como prácticas sádicas atar e inmovilizar de pies y manos, mutilar y destruir órganos genitales, Insertar armas en partes íntimas, destruir y mutilar el cuerpo.
“La violencia sexual no puede ser un arma. El abuso sexual no fue un incidente aislado o casos esporádicos sino una estrategia operativa clara”, afirmó desde Israel Orit Sulitzeanu, directora ejecutiva de la Asociación de Centros de Crisis por Violación en Israel.
“A la mujer violada se le exige que pruebe que fue violada y que se resistió. No es fácil probarlo. Además, influye mucho la vergüenza por lo sufrido”. Por esa razón y por una cuestión de ética, la ONG no pregunta a las víctimas por lo vivido porque no están preparadas para hacerlo. Ellas tienen que decidir cuándo y cómo expresarlo. Los médicos y terapeutas que las atendieron son quienes aportaron sus testimonios para llevar a cabo el informe.
La diferencia con otras violaciones en el resto del mundo es que los terroristas “fueron educados en el odio hacia los israelíes como no humanos, a verlos como objetos”, dijo Sulitzeanu.
“La politización de la masacre y la tendencia a negar la violencia sexual son los desafíos actuales. Fue una masacre intencional. Nadie puede permanecer indiferente. Sucedió, hay evidencia, se tiene que saber. Hay que saber para sanar. El día después de la guerra, la tarea es sanar a las víctimas y a la comunidad, conseguir que se haga justicia y que todo el mundo lo sepa”, concluyó la especialista.
Ver el documental completo "Screams before silence"
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