El partido mostró un Independiente que salió a jugar sin delanteros, pero con mucha convicción y energía, inhibió la salida de Boca. Battaglia no encontró soluciones para salir de esos atajos. Roa tapaba a Campuzano, hasta que debió Pol Fernández ocupar el centro del campo para organizar el juego. Batallini obligaba sobre los centrales y esa presión del Rojo lo incomodó al xeneize.
A pesar del cambio de esquema, y la inclusión de Aaron Molinas, Boca tuvo el mismo fútbol espeso de siempre. Sin embargo, se fue ganando al entretiempo, por la enorme clase de Darío Benedetto que volvió mejor de lo pensado.
El análisis de Boca transita por círculos viciosos desde hace tiempo: un estilo que no aparece (y esto no es solo achacable al actual técnico, sino también a muchos que lo han precedido), jugadas que lo rescatan, actuaciones estelares (Benedetto o Rossi), y resultados que terminan siendo más eficaces que el propio rendimiento.
Boca tiene el mejor plantel del fútbol argentino. Tiene calidades por donde se lo mire. Y la gestión en la abundancia lo expondrá a Sebastián Battaglia. Administrar el tesoro será su principal virtud. Anoche Eduardo Domínguez nos dejó en claro, con recursos más modestos, como se puede ser un buen ministro de economía.