Las zoonosis como el COVID tienen una estrecha vinculación con el tráfico ilegal de especies, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación, y la ruptura de la barrera entre las enfermedades animales y humanas.
En este contexto, la pandemia del Covid no es un hecho aislado, sino una parte del proceso de degradación de la naturaleza.
Este diagnóstico es relevante porque implica cambiar las soluciones.
La primera reacción ha sido defensiva, frenar el virus, aislar millones de personas, frenar la economía, aumentar las ayudas del sector público, concentrar las decisiones. Pero esto no puede repetirse si aparecen nuevos eventos catastróficos en los próximos años, porque el agotamiento económico, social y espiritual ya no da margen alguno.
Por esta razón se propone un cambio de dirección.
Debemos superar la imprudencia que significa esperar una nueva catástrofe para reaccionar, y adoptar la sabiduría del que comprende el funcionamiento del Planeta en que vivimos y lo cuida con acciones positivas.
Por eso, para obtener salud humana, hay que fortalecer la salud de la naturaleza.
Ello implica modificaciones sustanciales en todos los campos.
La economía comienza a girar hacia las energías no contaminantes, abandono de la era del carbono, los vehículos con otros sistemas, mejores controles en los procesos de fabricación de alimentos para que sean más sanos, consumo sustentable, turismo ecológico. En fin, es un gran giro económico global.
La sociedad también está cambiando sus pautas de conducta, abandonando progresivamente el consumo desenfrenado de efectos contaminantes.
La gobernabilidad política ya no puede ignorar el problema y comenzaron las reuniones de líderes mundiales alrededor del cambio climático que tendrán decisiones muy concretas en el mundo económico, financiero, y en las decisiones de la administración.
Los poderes judiciales de todo el mundo están dictando sentencias importantes para obligar a cuidar el planeta.
Estamos asistiendo a una nueva era, sólo debemos darnos cuenta.