Recursos naturales

Día Mundial del Medioambiente: la escuela abandonada en el Chaco que se recuperó gracias a la agricultura familiar

Ocho familias cultivan verduras que van directo las mesas de los consumidores. Los expertos aseguran que consumir alimentos locales reduce el impacto y beneficia los ecosistemas.
por Luciana Arias |
José Benítez tiene 66 años y recuperó el terreno de la antigua escuela rural abandonada en la periferia de Resistencia

José Benítez tiene 66 años y recuperó el terreno de la antigua escuela rural abandonada en la periferia de Resistencia, Chaco. Se crió ahí y ahora él vive de la agricultura familiar. 

Ocho familias trabajan en el proyecto de El Machingo. La agricultura familiar es una de las formas de dar soluciones concretas para regenerar la biodiversidad.

Ocho familias trabajan en el proyecto de "El Machingo". La agricultura familiar es una de las formas de dar soluciones concretas para regenerar la biodiversidad.

Según la FAO

Según la FAO, un tercio del suelo mundial está degradado. Además, el 95% de lo que comemos a escala global se produce directa o indirectamente en los suelos.

En El Machingo José Benítez y el resto de los agricultores reciben capacitaciones. También hacen trueque de especies con vecinos: les dimos plantines nuestros a cambio de mandioca

En "El Machingo" José Benítez y el resto de los agricultores reciben capacitaciones. También hacen trueque de especies con vecinos: "les dimos plantines nuestros a cambio de mandioca, vamos aprobar si funciona", dice.

Para cuidar el suelo las plantas se cultivan asociándolas con otras. También se rotan los cultivos y aprovechan la vegetación silvestre

Para cuidar el suelo las plantas se cultivan asociándolas con otras. También se rotan los cultivos y aprovechan la vegetación silvestre, propia del lugar, en biocorredores. 

 

La huerta está en el terreno recuperado de esta escuela abandonada. José vive ahí desde chico. Proyectos como este colaboran con la recuperación del suelo y son centrales para el medioambiente.

La huerta está en el terreno recuperado de esta escuela abandonada. José vive ahí desde chico. Proyectos como este colaboran con la recuperación del suelo y son centrales para el medioambiente.

Cuando la producción de bienes y servicios está más cerca de quien lo consume

"Cuando la producción de bienes y servicios está más cerca de quien lo consume, en esas comunidades se desarrolla una conciencia sobre los recursos", dice el experto en cambio climático Gabriel Blanco.

El verde asoma a los costados de los surcos prolijos, en línea que rodean la antigua construcción de ladrillos. En esa media hectárea de un terrero José Benítez trabaja desde que amanece. Tiene 66 años y desde hace 5 recuperó el terreno de una antigua escuela rural abandonada en el Barrio Planetario, a 5 kilómetros de Resistencia, Chaco.

Empezó junto a Raúl Zacarías, un ex alumno de ese colegio, como él. Desde entonces ahí funciona un proyecto de agricultura familiar que cuida el mediombiente: la huerta comunitaria "El Machingo". "Hace años se fueron todos porque era una zona inundable. La escuela quedó sin alumnos y cerró", dice José a A24.com. Después de algunas obras de infraestructura eso cambió. "Hoy el lugar es un valle precioso adonde volvió mucha gente".

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La huerta está en el terreno recuperado de esta escuela abandonada. José vive ahí desde chico. Proyectos como este colaboran con la recuperación del suelo y son centrales para el medioambiente.

La huerta está en el terreno recuperado de esta escuela abandonada. José vive ahí desde chico. Proyectos como este colaboran con la recuperación del suelo y son centrales para el medioambiente.

La huerta es la principal fuente de ingresos para 8 familias de la zona. "Los citamos a las 7 de la mañana, pero hay dos de los chicos que vienen a las 5. Así que yo les prendo la luz para que vean algo". Plantan verduras de hoja como lechuga, rúcula, espinaca o acelga, que son de invierno. También tienen remolacha, rabanito, zanahoria, arvejas y porotos. Además, aromáticas y plantas medicinales.

"Para tener buena producción hay que tener buena tierra, alimentarla", explica José. En "El Machingo" no usan agroquímicos. Como abono aprovechan las raíces de camalote que recogen de una laguna cercana. "Trabajamos para que nuestras verduras sean buenas, saludables. Los chicos están muy orgullosos de lo que logramos".

De la huerta a la mesa

Con los productos arman combos de 8 verduras para bolsones que se venden a $200. La distribución está a cargo de integrantes de los Consorcios Productivos de Servicios Rurales que forman parte del Instituto de Agricultura Familiar y Economía Popular chaqueño. "Los técnicos nos capacitan, nos proveen insumos, nos dieron las herramientas. Además se encargan de la logística para llevar los bolsones. Nosotros no podemos, andamos en bicicleta o alguna moto."

El proyecto también aporta en otro aspecto a la economía local. "Con la pandemia muchos cambiaron de trabajo o lo perdieron. Les damos 12 verduras por esos $200. Ellos la revenden y subsisten con eso. Muchas son mujeres".

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Según la FAO, un tercio del suelo mundial está degradado. Además, el 95% de lo que comemos a escala global se produce directa o indirectamente en los suelos.

Según la FAO, un tercio del suelo mundial está degradado. Además, el 95% de lo que comemos a escala global se produce directa o indirectamente en los suelos.

¿Por qué consumir alimentos locales es un beneficio para el medioambiente?

Góndolas con paquetes que viajaron miles de kilómetros y estuvieron semanas en un depósito. Fechas de vencimiento larguísimas para alimentos que sin agregados no durarían ni un cuarto del tiempo. Hoy hay una distancia enorme entre los productores y los consumidores. Desde hace años se trabaja sobre la idea de consumir productos locales. Además del desarrollo de la economía de cada lugar, como sucede con "El Machingo", según los expertos esto genera un consumo mucho más sostenible y responsable.

"Cuando llegás a un supermercado no sabés el origen de lo que comprás, ni por qué aumenta un precio o por qué hay faltantes", dice el ingeniero Gabriel Blanco, docente de Introducción al Cambio Climático y de Energías renovables y en desarrollo de la Universidad Nacional del Centro.

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Para cuidar el suelo las plantas se cultivan asociándolas con otras. También se rotan los cultivos y aprovechan la vegetación silvestre, propia del lugar, en biocorredores.

Para cuidar el suelo las plantas se cultivan asociándolas con otras. También se rotan los cultivos y aprovechan la vegetación silvestre, propia del lugar, en biocorredores.

Según explica, cuando la producción de bienes y servicios está más cerca de quien lo consume, en esas comunidades se desarrolla una conciencia sobre los recursos, sobre quién lo produce, quién lo transporta. Así, crece el nivel de cuidado y protección sobre esos recursos: las personas sienten que les proveen los alimentos. Con menos intermediarios se ahorra en costos y al compararlos pagamos menos.

Además permiten cierto grado de independencia y decisión sobre lo que se consume. "La idea es empezar a cambiar ese modelo donde la procedencia depende de grandes corporaciones, grandes comercializadores", sostiene. "Al acercarnos empezamos a pensar en la calidad del agua y de la tierra con la que se cultiva".

Recursos naturales en alto riesgo

Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, un tercio del suelo mundial está degradado. Además, el 95% de lo que comemos a escala global se produce directa o indirectamente en los suelos. La agricultura familiar es una de las formas de dar soluciones concretas para regenerar la biodiversidad.

Experiencias como la "El Machingo" se promueven en buena parte del país. Camila Gómez es ingeniera agrónoma y está a cargo de la agencia La Plata del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Desde ahí trabaja con producción hortícola, florícola y en proyectos con algunos animales para la subsistencia en las zonas periurbanas del Gran La Plata, Florencio Varela o Berazategui.

"Promovemos la producción bajo principios de la agroecología", explica. "La idea es planificar acciones para cuidar el suelo, que es un recurso vivo. Es importante para la salud humana y para la biodiversidad. Pensamos la plantación, no solo desde el punto de vista del mercado sino de cómo favorecer a las plantas".

"Hoy tenemos problemas con los suelos con los agroquímicos que lo degradan y afectan seriamente la calidad del aire, generan problemas respiratorios", señala Blanco. "Además, los alimentos que consumimos tienen peor calidad cuando están muy procesados".

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Ocho familias trabajan en el proyecto de

Ocho familias trabajan en el proyecto de "El Machingo". La agricultura familiar es una de las formas de dar soluciones concretas para regenerar la biodiversidad.

¿Cómo ayuda al medioambiente la agricultura familiar?

"El grueso de la mano de obra la ponen las familias", cuenta la ingeniera agrónoma. "Las plantas se cultivan asociándolas con otras y así se favorecen entre ellas. Además no extraen todas los mismos nutrientes, por eso plantamos distintas especies".

También rotan los cultivos y aprovechan la vegetación silvestre, propia del lugar, en biocorredores. "Los montes de la zona hacen de barrera contra los vientos fuertes, especies como las cortaderas o los que conocemos como 'yuyos' evitan plagas y ejercen un autocontrol". Así, sugieren a los quinteros que los dejen crecer. También suman hierbas aromáticas o flores que albergan a los enemigos naturales de las especies cultivadas.

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En "El Machingo" José Benítez y el resto de los agricultores reciben capacitaciones. También hacen trueque de especies con vecinos: "les dimos plantines nuestros a cambio de mandioca, vamos aprobar si funciona", dice.

Gómez trabaja hace más de una década en propuestas integrales de formación y de experimentación participativa con las familias. Durante los últimos años se formaron distintas organizaciones de productores. Por eso ahora atienden a sus demandas. "Hay que asociar esto al canal de venta para que se comercialice en circuitos cortos. Entonces planificamos la producción para la demanda local".

Para eso empezaron a probar en pequeña escala especies que no son tan frecuentes en la zona, como zapallo, papa y batata. Lo que producen se vende en ferias y nodos de familias que los comercializan en sus barrios. También en bolsones que se llevan a domicilio.

De vuelta a la escuela

En esta temporada José y sus compañeros estrenaron un invernadero. Pusieron tomate, morrón y berenjena, que son especies de verano. "Nos pone muy contentos ver el progreso. Es una caricia al alma". Cualquier mejora allí para él tiene un valor extra. José vive en esa escuela desde que era chico.

"A la escuela la donó mi abuela, Juana Isabel Cardozo. Trabaja como empleada doméstica y compró algunas hectáreas a la forestal inglesa que desmontaba la zona. Les dejó algunos terrenos a sus hijos y este para la escuela.

Doña Juana era además partera rural. Acompañó más de 100 nacimientos, entre ellos el de José y el de otro de los hombres que hoy trabaja en "El Machingo". La mujer lo crió cuando José perdió a sus padres de muy chico. "La escuela para mi fue mi hogar porque ahí mi abuela hizo todo: conseguía alimentos, ropa para los chicos".

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"Cuando la producción de bienes y servicios está más cerca de quien lo consume, en esas comunidades se desarrolla una conciencia sobre los recursos", dice el experto en cambio climático Gabriel Blanco.

Aún recuerda la olla negra en la que cocinaba Juana. "Éramos varios alrededor, así que ella estaba mucho afuera. Por eso tengo un gran cariño por las maestras que me enseñaron a leer, ellas estaban con nosotros".

Hace años el terreno donde está la escuela quedó en manos del Ministerio de Educación provincial. "Mi idea ahora es pintarla y empezar a dar cursos", dice. Ya inició los trámites para obtener un comodato o alguna certificación sobre terreno. Lograrlo es su gran sueño. "Quiero que la leyenda de mi abuela siga adelante y armar una escuela de oficios que lleve su nombre".