Al inicio, los rumores sobre el crimen hablaban de la posibilidad de un ritual satánico, una teoría que se basaba en la cantidad y distribución de las heridas. Sin embargo, esta hipótesis pronto fue descartada. La autopsia reveló que Daniella recibió 18 puñaladas, de las cuales cuatro fueron en el cuello, seis en el pulmón y ocho en el corazón, lo que desmentía la teoría inicial de un asesinato ritual.
La investigación y los primeros indicios
La clave para resolver el caso vino de un testigo que observó dos autos estacionados en un área poco transitada. Al pensar que se trataba de un robo, el hombre anotó las placas de ambos vehículos y las entregó a la policía. La investigación descubrió que uno de los autos estaba registrado a nombre del padre de Paula Thomaz, esposa de Guilherme de Pádua, y que además la patente había sido alterada con cinta adhesiva, lo que despertó aún más sospechas en los investigadores.
Al ser interrogados, tanto Guilherme como Paula fueron considerados sospechosos. En un giro inesperado, Guilherme confesó el crimen en un intento de autodefensa, argumentando que Daniella lo acosaba y amenazaba con matar a su esposa si él no cedía a sus avances. Esta declaración fue rápidamente descartada por las autoridades debido a la falta de pruebas y a lo inverosímil del relato.
Ambos fueron arrestados el 31 de diciembre de 1992 y permanecieron en prisión preventiva hasta que se celebró el juicio, cinco años más tarde.
La reconstrucción de los hechos y el juicio
La reconstrucción de los hechos realizada por la fiscalía en 1997 brindó detalles desgarradores sobre el asesinato. Según la acusación, Guilherme de Pádua y Paula Thomaz habían seguido a Daniella después de la filmación de ese fatídico día. En algún punto del trayecto, el actor bloqueó el auto de su compañera, la golpeó y la obligó a entrar en el asiento trasero. Luego, condujo hasta un lugar apartado donde Paula, quien los había seguido en otro auto, se unió a ellos.
Durante el juicio, Guilherme intentó cambiar su declaración, acusando a Paula de ser la autora del asesinato, argumentando que ella había actuado por celos al creer que entre él y Daniella existía una relación amorosa. Sin embargo, la autopsia mostró que Daniella había sido atacada con un arma de doble filo, no con tijeras como Guilherme alegaba, y la corte rechazó esta versión.
El 25 de enero de 1997, ambos fueron declarados culpables de “homicidio calificado” y condenados a 19 años de prisión para Guilherme y 18 años para Paula. Sin embargo, la pena no se cumplió en su totalidad, ya que, en 1999, un juez les concedió la libertad debido a su buen comportamiento y al hecho de que ambos se habían convertido en padres mientras esperaban el juicio.
La memoria de Daniella y el destino de sus asesinos
La liberación anticipada de Guilherme de Pádua y Paula Thomaz en 1999 desató la indignación pública. Sin embargo, el caso cobró aún más relevancia en 2017, cuando Guilherme de Pádua, el asesino confeso de Daniella, se convirtió en pastor evangélico y abrió un canal en YouTube. En sus videos, comenzó a hablar sobre temas de religión y política, expresando su apoyo al entonces presidente Jair Bolsonaro, lo que reabrió el dolor de la familia y el recuerdo del asesinato entre el público.
En 2022, Guilherme de Pádua falleció a los 53 años debido a un infarto en Belo Horizonte. Paula Thomaz, quien cumplió su condena junto a él, optó por mantener un perfil bajo luego de su liberación.
La huella indeleble de un crimen en la cultura brasileña
El asesinato de Daniella Pérez marcó un antes y un después en Brasil, no solo por la brutalidad del crimen, sino también porque la víctima era hija de Gloria Pérez, una de las escritoras más respetadas en la industria de las telenovelas. Este crimen no solo truncó la prometedora carrera de una joven actriz, sino que también dejó una herida abierta en el corazón de una sociedad que la había visto crecer en la pantalla.
Gloria Pérez continuó escribiendo De Corpo e Alma, demostrando una fortaleza inaudita ante el dolor, y luchó por mantener viva la memoria de su hija, una joven cuyo sueño fue apagado de forma trágica e injusta. La historia de Daniella Pérez sigue siendo una de las más desgarradoras de Brasil, un recordatorio del impacto de la violencia y de la persistencia de una madre por preservar el recuerdo de su hija.