Montuelle se convirtió en una figura conocida dentro del mundo carcelario por su participación en algunos de los episodios más sangrientos ocurridos en prisiones mendocinas. Su nombre apareció por primera vez en los medios en 2004, cuando participó del asesinato y descuartizamiento de Sergio Salinas, un interno de 24 años que fue atacado por nueve presos tras consumir alcohol y psicofármacos. La víctima fue apuñalada más de 70 veces con facas de fabricación casera y su cuerpo fue seccionado en ocho partes y guardado en bolsas.
Por ese crimen, Montuelle fue condenado en 2007 como partícipe primario de homicidio simple. Poco después, recibió prisión perpetua por el asesinato de Diego Ferranti y Gerardo Gómez, líderes del motín vendimial del año 2000, quienes fueron atacados a puñaladas tras ser trasladados desde Neuquén a Mendoza para declarar en juicio.
Pese a su temible prontuario, Montuelle logró una indemnización del Estado provincial en 2018 por “daños físicos y agravio moral” sufridos durante su reclusión en el penal de Boulogne Sur Mer. En 2013, había sido herido gravemente en una pelea y debieron amputarle el bazo, lo que lo dejó con secuelas físicas permanentes.
Los jueces que fallaron a su favor reconocieron que vivió “en aislamiento, con varios hechos de autoagresión y heteroagresión” y padecía “problemas patológicos severos de orden psicológico” tras más de una década de encierro en condiciones inadecuadas.