“Existimos como equipo y como asociación porque existe la homofobia", dice Caio Fabio Varela, jugador de Ciervos Pampas, el primer club de rugby de diversidad sexual de América latina. "Si no fuera así estaríamos jugando en otro lado”.

“Existimos como equipo y como asociación porque existe la homofobia", dice Caio Fabio Varela, jugador de Ciervos Pampas, el primer club de rugby de diversidad sexual de América latina. "Si no fuera así estaríamos jugando en otro lado”.
Caio tiene 45, es brasileño y vive en Buenos Aires desde hace siete años. Es parte de Ciervos Pampas casi desde su comienzo en 2012. Jugaba de hooker, pero se lesionó la espalda y se alejó de las canchas. Ahora está preparando su partido de despedida. Mientras lo hace cuenta que el colectivo del que es parte hace tiempo es más que un equipo: “Nuestra perspectiva es ocupar, resistir y transformar. Ocupamos el espacio, resistimos la homofobia y lo transformamos”.
Aunque la historia oficial de este club dice que todo empezó en 2012, el proyecto arrancó a gestarse 10 años antes. Inicialmente formaban parte de la Asociación Deportiva Amateur por la Inclusión (ADAPLI). Más tarde, pero todavía dentro de esta organización, pasaron a llamarse Pampas. Y como había un equipo de la Unión Argentina de Rugby que tenía el mismo nombre y que competía internacionalmente, terminaron convirtiéndose, para diferenciarse, en Ciervos Pampas.
Sobre su nombre, Caio cuenta que “los chicos pensaron en un animal autóctono y se acordaron de los ciervos de las pampas".
Su grupo también funciona como una Asociación de Derechos Humanos que tiene al rugby como herramienta. Caio, que trabaja en Relaciones Internacionales y tiene experiencia en el Instituto de Derechos Humanos del Mercosur y en el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), entre otras organizaciones, explica: “Este es un espacio en construcción. Somos un equipo diverso, pero no uno inclusivo porque nosotros ya estamos en la sociedad. Cuando yo digo inclusivo estoy diciendo que soy yo que habilita al otro y acá nosotros nos habilitamos a nosotros mismos”.
Ciervos Pampas jugó por primera vez en 2014 y suelen participar del torneo empresarial que organiza la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA). Caio explica que en el reglamento hay un capítulo específico que habla sobre discriminación por orientación sexual, aunque a pesar de esto la hayan sufrido igual: “Sabíamos que en algún momento iba a pasar. No entramos con la bandera del arcoíris en las medias al pedo. Porque muchas veces es uno el que no representa al equipo”.
Explica que en este proceso de transformación del deporte, están en constante resignificación de conceptos. Como parte de su objetivo de ocupar espacios, Ciervos Pampas va a ver a Jaguares, único equipo profesional en Argentina que juega al rugby. Un día, mientras miraban un partido en la cancha de Vélez, una persona le empezó a gritar “puto” a uno de los rivales: “Uno de nosotros se levantó y le dijo 'Acá somos putos y estamos haciendo el aguante. ¡Cortala!'. Y la gente nos aplaudió”.
También hacen ese tipo de declaraciones a nivel interno. “Decirnos 'chicas' en la cancha es a propósito. Tenemos una jugada que se llama Dale Diva. Cuando la gritamos los otros se quedan mirando y nosotros ya ganamos la pelota. Otra se llama Britney y cuando es más compleja, Britney Spears. Tienen que ver con lo que somos, con lo que entendemos rápido”.
El equipo también armó su propia Escuela de Derechos Humanos: “Es un espacio de formación para los jugadores. Tenés que ser parte, no es un plus. Ahí nosotros discutimos desde la perspectiva de la diversidad sexual, de la identidad de género, y eso mueve a los pibes”.
También trabajan para la comunidad. Ya están organizado el tercer Tackleando La Homofobia, un encuentro para difundir y repudiar la discriminación por orientación sexual en el deporte. Surgió en 2017, luego de que agredieran a su compañero de Ciervos Pampas Jonathan Uriel Castellari . “El primer año fueron siete equipos y en 2018, 17. No fueron más porque no teníamos cancha. Pagamos todo. Hasta vienen equipos de Estados Unidos”, cuenta Caio.
Ciervos Pampas no es el único equipo de su tipo. En Rosario están Lobitos de Río, Quimeras y recientemente nació Ceibos Rugby Club, y en Mendoza está Huarpes. Chile tiene a Titanes y Pudues Rugby, y Brasil a Tamanduás Bandeira. De todos ellos, Ciervos Pampas fue el primero de la región en integrar la International Gay Rugby , una red global que cada dos años organiza un torneo con clubes de todo el mundo.
A corto plazo, Ciervos Pampas está recaudando fondos para ir a San Pablo los últimos días de junio a jugar contra el único equipo de diversidad sexual en Brasil. “Decidimos ir en este contexto que está viviendo Brasil el fin de semana de la Marcha del Orgullo de San Pablo, que es la más grande del mundo”. Caio, que nació a una hora de San Pablo, jugará por esos días su último partido.
A largo plazo quieren extender su Escuela de Derechos Humanos para otros referentes deportivos y también sueñan con formar un jugador que juegue en el seleccionado argentino de rugby: “¿Cuánto va a llevar? No importa, porque vamos a seguir existiendo. No somos un equipo de personas hegemónicas y eso dificulta las cosas. Cada logro que nosotros tenemos es para celebrar un montón. Somos orgullosos de esas cosas y tenemos el orgullo de vestir la camiseta gay”.
El australiano Israel Folau, considerado uno de los referentes del seleccionado australiano y que incluso tiene el contrato más caro del país, fue protagonista de un hecho repudiado por gran parte de la atmósfera del rugby. Por su ideología cristiana publicó un mensaje en su cuenta de Instagram en el que decía que los homosexuales se irían al infierno.
“Ese chabón (por Folau) es un referente. Si piensa así, okey. Lo siento. Ahora, ¿externalizarlo? Sabe que cuando él publica algo, mínimamente miles de personas lo van a ver. ¡Es un influencer! O mínimamente es un ídolo para un montón de chicos y chicas que aman al rugby”, dice Caio. Sin embargo cuenta que muchos referentes, entre ellos Agustín Creevy, ex capitán de Los Pumas, le escribieron para manifestar su rechazo: “Él me dijo algo así como "Qué cagada lo de Folau". Es eso. Que yo pueda hablar con Creevy y que me diga eso… ¿Transformamos o no transformamos ese espacio?”.