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UFC en Argentina: crónica de una noche pegado al octágono más salvaje

por Carlos Arasaki | 18 de noviembre de 2018 - 12:05
UFC en Argentina: crónica de una noche pegado al octágono más salvaje

El Parque Roca es un frigorífico con diez mil personas adentro. El aire acondicionado está puesto a muchísimo menos de lo que sugiere el Gobierno en verano y la gente que llegó en remera incluso se compra abrigos en los puestos de merchandising. Pero desde el centro, como si fuera una fogata de campamento, se irradia un calor que alcanza todos los rincones del Estadio Mary Terán de Weiss. La jaula está en llamas. Y hay un par de argentinos que se encargan de avivar el fuego de la primera edición del UFC que se realiza en el país.

Ver una pelea desde la primera fila cumple casi todos los requisitos del fantaseo popular. La respiración de los luchadores. El impacto de los cuerpos contra el suelo. Las indicaciones de los rincones. El sonido de los golpes. De nuevo: el-sonido-de-los-golpes (tremendo cuando impactan dos pantorrillas). La sangre y el sudor que impregnan los rostros y se desperdigan en la superficie. La caminata por delante de la mesa de prensa de los derrotados, que parecen tan sólo cansados pese a haber recibido minutos antes una golpiza salvaje.

El público monta un show aparte. Cuando no hay un argentino en escena, la gente alienta por el sudamericano, salvo que sea brasileño. La excepción es el vecino Johnny Walker, que se gana a todos cuando entra bailando y aún más cuando protagoniza el segundo nocaut más espectacular de la noche. No faltan las acotaciones propias del hincha argentino que disparan algunas risas (“Noquealo que me cago de frío”), los “¡Uhhhhhhh!” cuando una mano o pierna entra justa, ni las frases sin deconstrucción para las tres promotoras foráneas que se turnan para anunciar las veladas. El UFC en modo argento.

A las 2.30 de la mañana, mientras afuera manda la apacibilidad de una de las zonas menos ruidosas de la Capital, el escenario se enciende como nunca. Suena "Bien alto" de La Renga al palo e ingresa Santiago Ponzinibbio a la arena. Es el combate estelar de la noche, el que todos quieren ver. El argentino y el estadounidense Neil Magny se castigan en medio del griterío hasta que el platense conecta un nocaut de novela en el cuarto asalto. Explota el Parque. Y se apaga el frío definitivamente.

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(Guillermo Llamos)

Qué es el UFC

¿Quién gana si combaten un boxeador y un luchador de muay thay? ¿Y entre un judoca y un peleador de jiu-jitsu? ¿Qué arte marcial es la más efectiva? Todas esas preguntas comenzaron a responderse en 1993, cuando en Denver, Colorado, tuvo lugar el primer evento de UFC (Ultimate Fighting Championship), la mayor empresa de artes marciales mixtas (MMA) del mundo.

Con el paso del tiempo, UFC se desarrolló y como una bola de nieve –o de fuego– que crece se fue comiendo y fue absorbiendo a otras empresas que se perfilaban como potenciales competidoras. Lo mismo pasó con sus protagonistas: ya no se trataba de un especialista de un arte marcial puntual que conseguía imponerse sobre los demás, sino de luchadores que adoptaban las técnicas más eficaces de cada disciplina para transformarse en un peleador cada vez más completo. Se trata de una disciplina que combina casi todos los estilos de contacto, que permite tanto la lucha en pie(striking) como la lucha en el suelo (grappling).

Cómo se juega

Los combates se desarrollan en una “jaula”, una estructura octogonal con paredes de metal alambrado que tiene un diámetro de 32 pies (9,8 metros). Los luchadores pelean el torso desnudo y descalzos. Usan guantillas (guantes con los dedos al descubierto) y pantalón corto o calza.

Las peleas se realizan a tres o cinco asaltos (tres para los combates regulares, cinco para las estelares o por algún título) de cinco minutos cada uno, con uno de descanso. Como sucede en el boxeo, se puede ganar por nocaut, nocaut técnico o decisión arbitral. La diferencia está en la chance de imponerse por sumisión, o sea, que en uno de los rivales palmee el suelo o al oponente en señal de rendición cuando, por ejemplo, está siendo estrangulado.

¿Qué se puede hacer? Probemos con un decálogo (y un poquito más) de lo que no se puede hacer: morder, presionar los ojos, introducir los dedos en cualquier orificio del oponente, patear o pisar la cabeza o cuello cuando el rival está en el suelo, dar cabezazos, agarrar del pelo, torcer articulaciones pequeñas, atacar a la nuca o a la columna vertebral, golpear la garganta o agarrar la tráquea, golpear con la punta del codo en sentido descendente, arañar o pellizcar, intentar fracturar intencionalmente, pegar rodillazos en la cabeza cuando el rival está en el piso.

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