Un gesto de apoyo
En el proyecto trabajaban los diputados Carlos Heller y Fernanda Vallejos, dos de las espadas económicas del oficialismo en la Cámara de Diputados. Tenían el aval de Máximo Kirchner, jefe de bloque. Por supuesto, aunque no se dijo, de Cristina Kirchner.
Cuando se le preguntaba por el impuesto extraordinario, Alberto decía que era un tema del Congreso. La Constitución le da la potestad exclusiva al Parlamento para crear y modificar impuestos. El Presidente, se sacaba de encima el problema.
Ayer, con un gesto, salió a dar su apoyo. Se mostró en una foto en Olivos con un escueto comunicado que difundió su equipo de prensa:
“El presidente Alberto Fernandez, mantuvo esta tarde una reunión con el presidente del bloque del Frente de Todos en Diputados, Máximo Kirchner; el presidente de la comisión de Presupuesto, Carlos Heller; y el ministro de Economía, Martín Guzmán. Durante el encuentro, analizaron el proyecto de impuesto a las grandes fortunas”. Fin del comunicado. Llama la atención el orden de los factores. Primero Máximo, al final Guzmán.
En política las fotos (distribuidas) son apoyos a los que participan de la imagen. Aunque también funcionan como amenaza para los posibles damnificados de ese posible proyecto. “No se hagan mucho los locos que les suelto a los perros”, podría decir. El significado final se sabrá más adelante.
Los límites de Alberto y los límites del Congreso
Para que este impuesto sea de posible aplicación se necesita que el Congreso lo vote. El artículo 99 de la Constitución dice que el Presidente puede firmar Decretos de Necesidad y Urgencia, siempre que “no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos”. O sea, no puede crear impuestos con su lapicera. Al menos en teoría.
El problema es que el Congreso está físicamente cerrado. Las fronteras internas del país están cortadas, no hay medios de transporte para que diputados y senadores lleguen de sus provincias a sesionar y no es recomendable sanitariamente hablando hacer una reunión de más 100 personas sin la distancia reglamentaria. En este caso sería un encuentro de (al menos) 257 diputados y otra de 72 senadores más asesores.
En un trabajo de pinzas Cristina Kirchner, vicepresidenta y titular del Senado; y Sergio Massa, titular de diputados salieron a plantear la necesidad de hacer sesiones virtuales por teleconferencia.
Cristina directamente fue a la Corte Suprema. Hizo una presentación para que sea el máximo estamento del Poder Judicial el que determine la validez de ese tipo de sesiones:
“A los fines que en el marco excepcionalísimo del actual estado de emergencia desencadenado por la Pandemia originada por la enfermedad causada por el COVID- despeje el estado de incertidumbre respecto a la validez legal de sesionar mediante medios virtuales o remotos”, dice la presentación.
“¿Es constitucionalmente posible que tal como lo establece el art. 30 del Reglamento de la H la Cámara de Senadores sesione mediante medios digitales debido a la situación de gravedad institucional generada objetivamente por el COVID19?”, se pregunta Cristina en un escrito.
El miedo que está detrás es que la aplicación de cualquier impuesto extraordinario sea vetado judicialmente por cuestiones formales: si lo hace Alberto por decreto, se lo impugne por la falta de participación parlamentaria; si lo hace el Congreso virtualmente, se lo impugne porque no está previsto en los reglamentos de las cámaras.
“No son temores infundados o visiones conspirativas las que informan la absoluta razonabilidad de esta presentación que, en un marco excepcional de crisis, requiere del más alto Tribunal del país un pronunciamiento urgente, claro y concreto”, enfatiza Cristina que por primera vez desde el inicio de la pandemia se refiere a la crisis.
Mientras Cristina se pelea con los poderosos y hace el trabajo sucio, Massa se encarga de hacer un discurso presentable ante la opinión pública. Ayer en Animales Sueltos contó cómo serían las sesiones virtuales y para qué servirían: "Vamos a tomar medidas para las Pymes desde lo crediticio e impositivo, para que tengan herramientas para planificar los próximos meses y no vivan con angustia el día a día", dijo.
Dio más definiciones:
- “Hay que innovar. Sé que hay diputados que les gusta hacer discursos en las bancas y gritar, y no les parece cool hablar con la heladera de fondo”.
- “A partir de mañana (por hoy, miércoles) por un acuerdo con el RENAPER, por identificación facial, un software desarrollado por ARSAT, podremos tener sesiones por videoconferencia con sistema de votación inalterable".
- "El Diputado al votar, también hace una selfie para validar el voto".
- "Necesitamos que la Corte Suprema de una declaración de certeza".
La última frase muestra que no hay fisuras con Cristina Kirchner.
Ahora el tema queda en manos del Poder Judicial. ¿Aceptará que por única vez el Congreso pueda sesionar en forma remota? El tema abre varios interrogantes.
- ¿La habilitación de esta modalidad, podrá ser usada en el futuro para hacer votar de forma remota temas polémicos?
- ¿Cómo se acredita la seguridad de los legisladores si no están presentes en el recinto?
- ¿Cómo se da el quórum y cómo se evitan los dipu-truchos virtuales?
- ¿Cómo se actualiza el reglamento para que todo esto sea posible?
Se trata de evitar que las urgencias económicas avasallen el sistema republicano tal como lo conocemos. Y encontrar una solución en que la excepción no se vuelva una regla que nos encierre en un camino sin salida.