Empleado actualmente en una compañía de seguros, cuando su padre fue designado como candidato a presidente, intuyó que iba a pasar esto: que se metieran en su vida privada. Ante esto, su padre añadió: “Hijo, hacé lo que quieras, hacé lo que hiciste siempre, hacé lo que te haga feliz”. Alberto dijo: “¿Cómo no voy a estar orgulloso de mi hijo? Si es un chico sano, laburante, que todas las mañanas se toma el subte para ir a laburar, estudia, vive con su novia y alquila un departamento”.
Me parece muy saludable. En algo avanzamos al poder contar algo no habitual. Los sistemas de libertad humana se pervierten cuando hay respeto por las mayorías pero las minorías quedan atrás. Yo saludo a Alberto Fernández. Está muy bien.
Para cerrar, voy a contar una conversación que tuve con Alberto Fernández. En el medio de la charla, le digo: “Quiero felicitarte por lo que dijiste de tu hijo. Fue emocionantemente genial”. Y él me contestó: “No, nada que ver, es muy fácil hablar la verdad y dejarte llevar por lo que sentís. Es mi hijo y lo quiero mucho”.