La semana pasada hubo una noticia que es espeluznante: el 51% de los chicos jóvenes de Argentina es pobre. Señores, paren la campaña. Hay que parar la campaña y decir ‘señores, nos vamos a poner a trabajar en esto’. De un 51% de estos chicos pobres, el 35% va a comedores comunitarios. ¿Y los jubilados? Van a terminar cobrando $13.000 de mínima. A lo mejor no lo estoy entendiendo o no lo estoy viendo, pero siento que la política está en una sintonía en la que ninguno de los grandes líderes del macrismo o del kirchnerismo tuvo un gesto como para decir ‘nos ponemos a laburar en esto’.
Otro tema es Raúl Zaffaroni, ex juez de la Corte Suprema, quien dice que hay presos políticos y cita a Milagro Sala. Yo lo invitaría al doctor Zaffaroni a que se saque el prejuicio ideológico y mire la causa. Cuando un tipo de la talla de Zaffaroni, un maestro del derecho, dice esto, supone dos cosas: o una ira contenida porque no soporta que Macri sea el presidente o está haciendo demagogia jurídica. Los dos casos son graves.
La sensación que tengo que es que la política argentina está en una dimensión totalmente distinta, que es la de no atender al 51% de los pibes que son pobres, que sigue jugando a las escondidas a ver si arreglo o no arreglo, a ver cuál es el carguito más importante o menos importante que se pueda obtener, mientras nuestro país no la está pasando bien. Y, aunque les duela a muchos, estamos en medio de un fracaso económico estrepitoso que merecería un poco más de generosidad.