Una de las más jóvenes en hablar en el debate en comisiones del Senado fue Milagros Peñalba, una salteña de 16 años que en pocos minutos expuso la situación que vive su provincia en relación al aborto. No obstante, sin querer -o tal vez queriendo- resumió lo que atraviesan a diario las adolescentes en todo el país: "No tenemos educación sexual ni tampoco se nos proveen métodos anticonceptivos, pero si nos quedamos embarazadas nos juzgan en las calles, nos echan de los colegios y se nos margina; y si abortamos nos llaman asesinas".
Por qué apoyan la legalización del aborto
Ofelia Fernández es una de las principales referentes políticas de los secundarios porteños. Esta joven de 18 años, que fue presidenta por dos mandatos del centro de estudiantes del colegio Carlos Pellegrini, cree que “en estos meses de debate se ganó mucho en transformar el sentido común y generar una disposición en sociedad a la problemática del aborto”. Sin embargo, Ofelia insiste una y otra vez en la importancia de que el aborto no quede sólo en el debate y que sea ley: “Es fundamental que se apruebe el proyecto porque es mejor temprano que tarde, teniendo en cuenta que lo que se pone en juego es la vida de las mujeres”.
Para Tamara Goldzamd, secretaria de género del colegio Mariano Moreno, “estar del lado de quienes piden la legalización es estar verdaderamente a favor de la vida". "Pensamos en todas las personas gestantes que mueren por abortos clandestinos y que esta es una lucha que empieza por esto, pero va a seguir, lo que estamos pidiendo es poder decidir sobre nuestros cuerpos y poder tener derechos sobre él”, remata.
Mili Peñalba, como la conocen todos, integra la Coordinadora de Estudiantes de Salta. Además del impacto que produjo en la opinión pública su discurso en el Senado, en los últimas días también fue noticia porque fue echada de su colegio por militar a favor del aborto. Lejos de dar marcha atrás en su postura, esta adolescente de 16 años cree que “es muy necesario que todes tengamos la posibilidad de decidir sobre nuestra vida, sobre nuestro proyecto de vida y sobre la maternidad, y cómo la queremos llevar a cabo. Tenemos que tener derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y hacerlo de forma salubre y no de forma clandestina: estoy harta de que mueran chicas en clandestinidad, estoy harta de que decidan sobre el cuerpo de las compañeras”.
Qué rol cumplen los jóvenes en el debate
“Como juventud nos ponemos sobre los hombros la responsabilidad de este debate porque entendemos que luchar por el aborto es tener sororidad”. Goldzamd, que tiene 17 años, apela a esa palabra que desde hace rato está en boca de todas las feministas y que refleja la relación de hermandad y solidaridad entre las mujeres para crear redes de apoyo. Ellas, las más jóvenes, son sororas.
Ofelia Fernández opina que “la juventud es un mundo que se suele ocultar o no reconocer, pero en los colegios se discute política todos los días y con mucha intensidad” por medio de asambleas, reuniones de delegados y manifestaciones. “Sorprendemos de verdad porque las jóvenes tenemos una forma de decir las cosas muy potente y muy propia porque vinimos discutiendo el aborto hace tiempo. Nos hicimos visibles no solo por el hecho de ser jóvenes sino por romper con sus juicios de juventud”, advierte.
Ofelia también cree que las jóvenes tomaron un lugar “trascendental” porque tienen una trayectoria de menor edad “pero igual de intensa” que les permite opinar de par a par. “Para la sociedad es la primera vez que la juventud aparece como un factor que no intenta aportar a la dinámica de un conflicto de la sociedad en general, sino una juventud que encabeza un proceso en una etapa de la discusión”, destaca.
“El aborto es un tema que nos toca muy a fondo a les jóvenes porque sufrimos el principio del flagelo social que es la educación sexual integral, que no se aplica, y también la falta de métodos anticonceptivos. Estamos cansades de que les adultes que nos educan tengan miedo que nosotres tengamos sexo, que lo vean como algo tabú, y no se pueda hablar. Les jóvenes ya no nos vamos a callar más”, remarca Mili Peñalba, con un lenguaje inclusivo que fluye con naturalidad.
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Milagros Peñalba, en el Senado.
Qué pasa si el aborto no se legaliza
Las tres estudiantes coinciden en que si el miércoles el Senado le dice no al proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, la lucha va a continuar. Tienen ganas, energía y convicción. “Si no se aprueba va a haber un enojo y eso se va a expresar en las urnas en 2019. Los senadores y diputados, quienes voten en contra, van a tener sus consecuencias, y no porque seamos un movimiento que amenace, ni que busque violencia, ni nada de eso, sino porque están votando por la clandestinidad”, advierte Goldzamd.
“Si no se prueba va a haber un montón de ruido. No sé hasta qué punto no le van a temer a eso. Pase lo que pase, nos vamos a tener nosotros y a nostras ahí para mantenernos como colectivo y seguirla peleando, pero es interesante la inauguración de otras lógicas de victorias, porque nosotras militamos para ganar y esto aportaría a sabernos vencedoras realmente”, destaca Ofelia.
Para Peñalba, si el proyecto no pasa el escollo del Senado, “les pibes vamos a seguir luchando porque la gran ola verde ya existe y existirá y no vamos a dejar de luchar por el libre ejercicio de nuestros derechos”.
“Fueron meses agotadores y hermosos al mismo tiempo porque siempre pienso que ‘ahora es cuando’, por eso cada propuesta que tengo para debatir el tema siento que es una oportunidad que hay que aprovechar. Todas le pusimos mucho el cuerpo a esta lucha, porque pensamos ‘en qué más puedo dejar la energía si no es en esto’”, concluye Ofelia a horas del debate, y avisa que futuro es lo que les sobra.