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¿La tarjeta alimentaria? Es un clásico (con distintos formatos) en todo gobierno que se inicia.
- ¿El congelamiento tarifario? Se sabe que habrá que descongelarlo en algún momento.
- ¿La reforma judicial? Apenitas el 26% de la gente está preocupada por los temas de corrupción (que esta reforma vendría a resolver) y la mayoría son votantes opositores, según una encuesta de Synopsis. Y esta reforma no parece apuntada a ellos.
- ¿El aborto? Va a haber un proyecto, hay que ver si pasa el Senado.
En cambio, para parar la inflación -principal problema según todas las encuestas- todavía no hubo una medida concreta.
La negociación de la deuda sería la única medalla que se va a poder colgar Alberto en el primer trimestre del año, si la logra. Está jugando al truco y tiene en la mano un ancho, Martín Guzmán. No queda claro si es de los buenos o de los falsos.
Entre los empresarios que vieron a Alberto Fernández el miércoles pasado en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP) no mostraron mucho entusiasmo. “El 31 de marzo es muy cerquita”, dijo uno de los líderes de la UIA a A24.com respecto a la fecha que se puso el gobierno para resolver el tema de la deuda. En el ministerio reconocen que es casi imposible llegar a esa fecha con todo ordenado.
Pero este mismo empresario elogió algunas decisiones: “Es bueno no poner el foco en el FMI sino en los bonistas. Si se logra acuerdo con los bonistas con legislación extranjera le va a permitir destrabar todo”. Por las dudas, el hombre de negocios aclaró: “Si se extiende negociación no es fracaso sino un plazo tolerancia”. Por lo pronto, en Economía aseguran que la propuesta a los acreedores se presentará en los "próximos días.
Desde la política, la escena que se vio en la mesa principal de ese mismo almuerzo empresario fue llamativa. Los únicos dos funcionarios que había eran sus dos principales dirigentes dentro del gabinete. Uno, Santiago Cafiero que miraba para arriba con cara de desconcierto; el otro, Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos. No se entendía por qué estaba sentado en un lugar tan importante. Se lo veía pararse y hablarle al oído a Alberto.
Santiago Cafiero es el otro “ancho” del gobierno. Otra incógnita. ¿Joven promesa o correa de transmisión? Su rol está desdibujado por falencias propias y por mezquindades ajenas. Cómo pasaba con Marcos Peña, le encajan todos los defectos de su jefe, Alberto Fernández.
Pero tampoco él se dedica a rebatir los argumentos. Le critican la falta de diálogo y de generación de “volumen político”. Muchos dirigentes -pares del gabinete, intendentes, sindicalistas, dirigentes varios- lo ven más como un secretario privado que como un jefe de gabinete.
Los lazos con otros sectores quedan en manos de Wado de Pedro, por un lado; y de Gustavo Béliz por el otro. “El riesgo que tenés es que los lugares que vos no ocupás los terminé ocupando otro”, describe un importante dirigente del peronismo.
A pesar de las críticas, sonaría muy difícil que Alberto Fernández le vaya a soltar la mano porque sería un golpe a su hombre de más confianza. Pero puede sacarle el lugar destacado que tiene en el Gobierno.
La principal crítica que recibe internamente es la demora en las designaciones de funcionarios que es lo que en definitiva estaría paralizando la gestión. Señalan por esto a su secretaria de empleo público, Ana Castellani. Su cuenta de Twitter es elocuente: la mayoría de sus actividades está destinada a cuestiones de género, mientras los expedientes de las designaciones se acumulan en su despacho. “Ser un buen académico no te garantiza ser bueno en la función pública”, dicen las almas buenas que pululan (hermosa palabra) los despachos.
La falta de velocidad complica la gestión. Por ejemplo, en la negociación de la deuda, eyectó a Daniel Marx, exsecretario de finanzas con mucha experiencia en el tema. Iba a presidir el Consejo Asesor de la Deuda, pero nunca salió la designación y Marx se bajó o lo bajaron. Como todos los consejos, sirven para que la gente se escuche pero no resuelven demasiado.
Alberto tampoco está conforme con esta situación. Además reclama por la ejecución presupuestaria que viene bastante baja. Sobre eso recibió algunos reproches también la Jefatura de Gabinete. Queda la duda de si el enojo de Alberto es sincero o si viene dictado por Cristina.
En Economía, de todos modos, se hacen cargo de que no liberan partidas presupuestarias. Rescatan el rol de Raúl Rigo, secretario de Hacienda. Claro que hay partidas que sí existen y no se ejecutan... pero eso es otra historia.
Hablando del enojo de La Jefa, llamó la atención la virulencia con que el senador Parrilli (hombre de máxima confianza de Cristina) se despachó contra el campo: “El campo es el responsable de la crisis y estamos orgullosos de que nos ataquen”, dijo. En el mundo político se sabe que Parrilli es un hombre sin pensamiento propio.
Ya son varios los funcionarios que entendieron que si quieren paz, tienen que estar bien con Cristina... Y por supuesto, con Alberto.
Alberto pretende colgarse su primera medalla cuando renegocie la deuda.
- Tiene una mano a favor: el supuesto apoyo del FMI.
- Tiene algo en contra: la carencia de un programa económico que le dé tranquilidad a los acreedores.
En las manos tiene dos cartas, que podrían ser ganadoras o podrían ser un fiasco. A medida que pasa el tiempo, los interlocutores van pensando lo segundo.
Resta saber, para completar el título de esta columna, quién es el 4 de copas en esta historia. Aunque eso mejor, lo dejaremos para el próximo capítulo a esta misma "bati hora" y por este mismo "bati canal".
P.D: Una medalla sí consiguió Alberto en este tiempo. Es chiquita y de micro clima, pero medalla al fin. Por primera vez en 20 años, el PJ logró que todas las provincias en las que gobierna acompañen a su presidente. No es poco.
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