Ante la urgencia, Cinthia Fernández buscó ayuda en una clínica especializada en animales exóticos. Los veterinarios evaluaron la situación y plantearon la posibilidad de una cirugía para extirpar el ojo del hámster, aunque advertían sobre la incertidumbre de su supervivencia. A pesar de los esfuerzos médicos, una vez abrieron al animal, descubrieron complicaciones graves: una perforación en el maxilar y daños extensos provocados por las larvas.
El sufrimiento de Tom fue el desgarrador motivo por el cual se tomó la difícil decisión de practicarle la eutanasia. Con gran dolor, Cinthia tuvo que comunicar esta pérdida a sus hijas y proceder a enterrar al hámster cerca de su hogar para que permanezca cerca de la familia.
Con lágrimas y voz quebrada, la artista describió a Tom como un ser especial y cariñoso, comparándolo con un hámster con características de un perro por su afectuoso comportamiento, recordando cómo solía dormir junto a ellos.
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