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Con treinta años de experiencia en radio y televisión y autora de cuarenta y cuatro libros, Silvia busca transitar su duelo de manera positiva, queriendo promover la liberación de sustancias que contrarrestan la depresión como la dopamina, la adrenalina, la serotonina y las endorfinas, para evitar sumirse en la desolación. Y todo ello con un impulso fundamental que la lleva hacia adelante: "Esto no lo inventé yo. Son las neurociencias”, sostiene.
La determinación y la vulnerabilidad de Silvia se evidencian en cada palabra que pronuncia, como lo muestra su conversación antes del coma inducido de su marido: “La última charla profunda que tuvimos, le dije: si me muero, me gustaría que me lleves en una urna a todos lados. Él se rió y me contestó: a mi no, porque conociéndote me vas a olvidar en un bar. Por eso decidí cambiar de idea: dejaría la urna en casa, pero me haría relicarios de diferentes colores con un poco de cenizas en cada uno. Eso le gustó. Ahora llevo los relicarios conmigo a todas partes. Además, me dijo algo importante: Nena, si no regreso, usa el dinero para ese viaje a Europa que siempre quisimos hacer. Así que acepté ese desafío.” En cada kilómetro recorrido, Silvia descubre nuevos paisajes, personas, emociones y aprendizajes.
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