“María, María, María”. Este grito desgarrador irrumpió en la tranquilidad de la puerta de la clínica “La trinidad”. Esposado y en sillas de ruedas, Matías Alé llegó al lugar inmerso en un brote psicótico.

“María, María, María”. Este grito desgarrador irrumpió en la tranquilidad de la puerta de la clínica “La trinidad”. Esposado y en sillas de ruedas, Matías Alé llegó al lugar inmerso en un brote psicótico.