Los covers sumaron carácter y emoción: “Live and Let Die” del grupo de Paul McCartney Wings encendió al público, mientras que “Never Say Die” y “Sabbath Bloody Sabbath” mantuvieron vivo el homenaje a Ozzy Osbourne, que desató una verdadera ovación entre los presentes. También resonaron “New Rose” y “Knockin’ on Heaven’s Door”, clásicos que ya son parte del ADN del grupo.
La historia continuó con “Rocket Queen”, en la que Slash tiene su momento con el talk box. La recta final del concierto tuvo una carga emocional tan potente como su despliegue instrumental. “Don’t Cry” volvió a funcionar como un puente íntimo entre la banda y su público, con miles de gargantas cantando al unísono. Luego llegaron “Knockin’ on Heaven’s Door” y “New Rose” (de The Damned), con Duff McKagan tomando el micrófono, dándole un giro propio al momento. Axl sorprendió con una versión sentida de “Wichita Lineman” y la intensa “This I Love”, antes de adentrarse en “Civil War”, que incluyó un guiño a Hendrix.
Después del clímax de “Civil War”, los Guns todavía tenían unos últimos gustos para el público. Slash brilló en un solo demoledor que desembocó en el estallido colectivo de “Sweet Child o’ Mine”. “November Rain”, con Axl al piano , elevó el clima a un nivel ceremonial, y las emotivas “Street of Dreams” y “Madagascar” mantuvieron la intensidad a flor de piel. Para el cierre, la banda se guardó artillería pesada: “Nightrain” puso a todo el estadio en movimiento y “Paradise City” lo coronó con una explosión de riffs, fuegos y aplausos, cerrando dos noches inolvidables en Buenos Aires.