"No dijo que no se llama más Merlín, dijo que se llama Atahualpa. Fue bastante simple. Un día nos bajamos de un taxi y el taximetrerero le dijo 'chau, Merlín' y él le respondió: 'Me llamo Atahualpa'. Y no fue para atrás nunca. Tenía dos años y medio cuando lo decidió, y fue terminante", contó Natalia Oreiro a LA NACION Revista.
