En diciembre del 2019, las autoridades de La 100 decidieron que Ronnie Arias no siga al frente del ciclo Sarasa que condujo durante una década y que lo mantuvo al tope de las mediciones.

En diciembre del 2019, las autoridades de La 100 decidieron que Ronnie Arias no siga al frente del ciclo Sarasa que condujo durante una década y que lo mantuvo al tope de las mediciones.
Hoy vive en Uruguay, donde la tranquilidad y el viento en la cara le marcan esa sonrisa inconfundible. “Hace seis años, cuando me dieron el alta del cáncer de laringe, decidí que me venía a instalar acá. Primero alquilé durante un año, para ver si me iba a bancar vivir en el campo, en el medio de la nada. Cuando lo comprobé, nos quedamos. Mientras trabajaba en la radio, los viernes a las 6 de la tarde me venía y volvía los lunes al mediodía. Ya desde que terminé el programa me instalé acá y volvía a Buenos Aires para hacer Bendita o cosas que surgían. Pero la verdad, tengo los papeles, ya soy un ciudadano más de Uruguay", contó Ronnie en charla con Teleshow de Infobae.
"Me vine con Pablo, que hace 25 años que estamos juntos, o sea que es como estar solo, ya es cadena perpetua (risas). Y nuestros cuatro perros. También tuvimos un gato, alguno que se va sumando, tenemos una ruta muy cerca y es bastante peligrosa. Así que estamos con Pancha, con Palito, que se llama así en homenaje a (Fernando) Peña, la Yuyo y el último que apareció, el Chino", agregó.
"Me vine con Pablo, que hace 25 años que estamos juntos, o sea que es como estar solo, ya es cadena perpetua (risas). Y nuestros cuatro perros. También tuvimos un gato, alguno que se va sumando, tenemos una ruta muy cerca y es bastante peligrosa. Así que estamos con Pancha, con Palito, que se llama así en homenaje a (Fernando) Peña, la Yuyo y el último que apareció, el Chino", agregó.
Y afirmó: "No creo que pueda dejar todo y dedicarme al campo porque todavía me queda mucho tiempo para laburar. Pero lo que sí hago es ocupar todo mi tiempo libre en la huerta, los árboles, cortar leña para la estufa… Siempre me gustó el trabajo del campo, la huerta; tengo tomate, cebolla, kale, repollo, alcauciles, muchos árboles frutales… Es el equilibrio perfecto para la felicidad. Eso de laburar en un ambiente que es un infierno y tener la posibilidad de levantarme a la mañana, abrir los ojos, y ver todo verde. ¡Es más! En Buenos Aires me quedé con algo chico para tener la posibilidad de un lugar donde estar cuando voy, pero la idea es apoyar este lugar en el cual estoy".
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"Buenos Aires también me da tranquilidad. Me parece que esto fue más que nada cumplir con un sueño que tenía de chico, de vivir en el campo. Con mis amigos siempre hacemos el mismo chiste: ven un cartel de un campo que se vende y me mandan la foto… Me gusta el campo acá, en Buenos Aires, en el Tigre o en Berlín", finalizó.