En ese sentido, Florencia contó que se encuentra rematando la mercadería que quedó en el local y pensando junto a su padre nuevas alternativas laborales. La idea es aprovechar la experiencia y los clientes que construyeron durante una década para comenzar a trabajar con otros emprendimientos.
“Yo estoy tratando de rematar todo y después bajar un poco la intensidad que hoy manejo porque estoy que me pasa esto que exploto y lloro y me angustia”, reconoció.
La ex Gran Hermano explicó que una de las posibilidades que evalúan es conservar el vínculo con los clientes que los acompañaron durante años y ofrecerles distintos servicios de producción textil.
“Lo que hablamos con mi papá es tratar de quedarnos con los clientes que ya teníamos de años y proponerles, no sé, tantas remeras por tanto, te fabrico esto, te hago este corte o intentar escribirle a emprendimientos que necesiten remeras para estampar, o sea, movernos desde el lado de lo que sabemos hacer”, detalló.
A pesar del dolor por el cierre, Florencia aseguró que no piensa quedarse de brazos cruzados. La situación económica y las deudas que quedaron pendientes obligan a la familia a buscar rápidamente una nueva fuente de trabajo.
“Ya sabemos que está difícil y no está tan fácil la situación, ¿no? Pero bueno, obviamente yo no voy a dejar ni que mi familia esté mal, ni que mi viejo esté caído. Siempre poniéndole el pecho a meterle, a meterle”, sostuvo.
Y agregó una de las cuestiones que más preocupación le genera en este momento: “No nos olvidemos que nos queda la deuda a pagar. Así que trabajar hay que trabajar”.
El caso de Flor Cabrera se suma así a otros cierres de emprendimientos vinculados al mundo de la moda protagonizados por figuras del espectáculo durante este año. A comienzos de febrero, Marixa Balli anunció el cierre de una de las sucursales de Xurama y puso sus prendas en liquidación. Más recientemente, Florencia Torrente comunicó el cierre de su marca Helicia después de 13 años de actividad.
Para Florencia Cabrera, sin embargo, la situación tiene un componente todavía más doloroso: no se trata solamente de despedirse de un local, sino de asumir que su familia queda sin trabajo después de diez años de esfuerzo compartido. Ahora, mientras intenta desprenderse de la mercadería y reorganizar su actividad, deberá afrontar una nueva etapa marcada por las deudas, la incertidumbre y la necesidad de volver a empezar.