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El final más doloroso: a los 39 años, Pablo Cánepa tomó una decisión irreversible

La decisión que dividió a todos: Pablo Cánepa eligió morir a los 39 años y dejó un mensaje estremecedor. Enterate.

04 de junio de 2026 - 10:49
El final más doloroso: a los 39 años, Pablo Cánepa tomó una decisión irreversible

La muerte de Pablo Cánepa, ocurrida este lunes a los 39 años, provocó una fuerte conmoción en Uruguay y reavivó uno de los debates más sensibles de los últimos tiempos: el derecho de las personas con enfermedades irreversibles a decidir cómo atravesar el final de sus vidas.

Cánepa falleció tras acceder a la eutanasia, una posibilidad que él mismo había defendido públicamente durante los últimos años mientras enfrentaba una enfermedad devastadora que fue deteriorando progresivamente su cuerpo.

La noticia fue confirmada por su hermano, Eduardo Cánepa, a través de las redes sociales. "Rodeado del amor de su familia y amigos, Pablo partió este lunes de este mundo", escribió. Pero hubo una frase que terminó de conmover a quienes siguieron de cerca su historia: "Se despidió con el humor que lo caracteriza hasta sus últimos minutos", agregó su hermano.

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Detrás de esa despedida se escondía una batalla silenciosa que llevaba más de cuatro años. Todo comenzó con síntomas aparentemente inofensivos: mareos, problemas de equilibrio y dificultades para caminar. Sin embargo, en cuestión de meses su vida cambió para siempre.

"Primero empecé con mareos que me parecieron normales. Después fui al hospital y me dijeron que podía ser un ACV. Fue gradual y rápido. En dos o tres meses quedé así", había relatado el propio Pablo en una entrevista.

Los médicos iniciaron una extensa búsqueda de respuestas. Fue sometido a innumerables estudios, consultó especialistas en Uruguay, Argentina y Estados Unidos e incluso permaneció internado durante semanas en centros médicos especializados.

Pero las respuestas nunca llegaron. La enfermedad avanzó sin freno.

El diagnóstico más probable apuntaba a una ataxia cerebelosa idiopática, un trastorno neurológico extremadamente complejo y de origen desconocido que afecta la coordinación motora y provoca un deterioro progresivo e irreversible.

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"Lo más probable es que sea autoinmune, pero no tiene explicación. Mueren las neuronas motoras y no se regeneran", explicó su hermano.

Con el paso del tiempo, Pablo perdió prácticamente toda la movilidad de su cuerpo. La enfermedad avanzó hasta dejarlo completamente paralizado. Incluso comenzó a tener dificultades para mover los ojos. Lo más dramático era que, mientras su cuerpo dejaba de responder, sus capacidades cognitivas permanecían intactas.

Era plenamente consciente de todo lo que ocurría.

Antes de la enfermedad, Pablo había desarrollado una destacada carrera como diseñador gráfico. Había participado en congresos internacionales, ganado concursos y construido una trayectoria reconocida dentro del ámbito creativo uruguayo.

Pero en sus últimos años se transformó en algo más. Se convirtió en uno de los rostros más visibles de la lucha por la llamada muerte digna. Acompañó activamente el debate legislativo que terminó con la aprobación de la Ley de Muerte Digna en Uruguay y defendió públicamente el derecho a decidir.

"Estoy tranquilo y seguro de mi decisión", sostuvo durante una de sus últimas entrevistas.

Finalmente, tras años de sufrimiento y con la ley ya vigente, tomó la decisión que había defendido públicamente.

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