Además, este hábito suele venir acompañado de otro comportamiento igual de extendido: revisar el teléfono apenas se abre los ojos. Lejos de ser una acción inocente, esto puede activar el estrés desde el inicio del día, al exponer a la persona a mensajes, noticias o situaciones que demandan atención inmediata. Así, el descanso no solo se ve afectado, sino también la forma en la que se encara la jornada.
Los especialistas advierten que, aunque no se trata de eliminar por completo el uso del celular, sí es importante establecer ciertos límites. Reducir el tiempo de pantalla antes de dormir, evitar el uso del teléfono en la cama y comenzar el día sin recurrir inmediatamente al dispositivo son algunas de las recomendaciones más repetidas.
De esta manera, una conducta que parece normal y está completamente naturalizada puede convertirse, con el tiempo, en un factor que afecta tanto el bienestar físico como mental. Detectarlo y hacer pequeños cambios puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.