Cerca del 41% de los estudiantes consultados dijo no haber aprendido nada interesante durante la semana previa. Casi la mitad afirmó que la escuela no le ofrece oportunidades para hacer aquello en lo que se destaca. Y 1 de cada 3 aseguró que no se siente parte de su comunidad educativa.
Estos datos dialogan con investigaciones del programa #BeeWell en escuelas del Reino Unido, que en 2025 señalaron que la relación con los docentes es el factor que más pesa en el sentido de pertenencia. Incluso por encima del rendimiento académico, la presión del grupo o el tamaño de la clase, el vínculo con los adultos aparece como una condición clave para que el aprendizaje ocurra.
La conexión escolar cambia la percepción del futuro
La distancia entre quienes se sienten integrados y quienes no tiene consecuencias concretas. Entre los estudiantes con mayor conexión con su escuela, el 81% se considera preparado para los desafíos posteriores a la graduación. En cambio, entre quienes registran los niveles más bajos de conexión, esa proporción cae al 27%.
La diferencia también se nota en el bienestar cotidiano. Los alumnos más comprometidos con su entorno escolar tienen cinco veces más probabilidades de disfrutar su día a día que aquellos que se sienten más alejados. Estos últimos, además, muestran mayores niveles de ausentismo asociado a ansiedad, agotamiento o problemas de salud mental.
En términos generales, la percepción de preparación mejoró desde 2023: entonces, el 43% de los jóvenes encuestados decía sentirse listo para lo que venía después del secundario; tres años más tarde, la cifra trepó al 60%. Pero la mejora no impactó igual en todos. Los estudiantes que no planean ir a la universidad siguen apareciendo como el grupo más vulnerable: la mitad no se siente preparada para el futuro, frente al 68% de quienes sí proyectan continuar estudios superiores.
Orientación y formación práctica: dos claves para achicar la brecha
Uno de los hallazgos más claros del informe apunta al valor de hablar sobre el futuro dentro de la escuela. El 71% de los jóvenes que conversa al menos una vez por semana con un adulto de la institución sobre sus opciones después de graduarse dice sentirse preparado. Entre quienes casi nunca o nunca tienen ese tipo de intercambio, la confianza baja de manera marcada.
El impacto es especialmente importante entre quienes no tienen planes universitarios. Cuando reciben orientación frecuente, la diferencia con sus compañeros que sí proyectan estudios superiores se reduce. También influye la formación con salida práctica: entre los alumnos sin planes universitarios que cursaron materias vinculadas al mundo del trabajo, el 67% se siente capaz de afrontar lo que viene; entre quienes no accedieron a esas clases, la cifra cae al 40%.
El informe también refleja una demanda de formatos más flexibles. El 47% de los jóvenes encuestados prefiere modelos de aprendizaje adaptados a sus tiempos y ritmos individuales. En paralelo, más de la mitad de los estudiantes de la Generación Z admitió haber faltado alguna vez por salud mental, cansancio o ansiedad. La señal es clara: para muchos adolescentes, prepararse para el futuro no depende solo de contenidos, sino de sentirse vistos, acompañados y conectados con lo que aprenden.