La ciencia desmiente un mito sobre lo que ocurre después de la muerte
Tras años de repetirse en relatos populares y creencias extendidas, la ciencia explicó qué sucede realmente con el cuerpo después de la muerte.
Tras años de repetirse en relatos populares y creencias extendidas, la ciencia explicó qué sucede realmente con el cuerpo después de la muerte.
Durante generaciones circuló la creencia de que, tras la muerte, las uñas y el cabello continúan creciendo. La imagen de cuerpos con uñas más largas o barbas tupidas alimentó este mito popular, repetido durante años en relatos urbanos, películas y conversaciones cotidianas. Sin embargo, la ciencia es clara: no existe prolongación real después del deceso.
El crecimiento del cabello y de las uñas depende de la actividad celular. Para que ese proceso ocurra, las células necesitan oxígeno, nutrientes y circulación sanguínea constante.
Cuando una persona muere, esas funciones vitales se interrumpen y, como consecuencia, el crecimiento celular se detiene pocas horas después.
Sin irrigación sanguínea ni metabolismo activo, no es posible que se genere nuevo tejido, por lo que ni el pelo ni las uñas pueden seguir creciendo una vez que se produce el fallecimiento.
¿Por qué surgió el mito?
pelo-muerte-unas
Entonces, ¿por qué persiste esta idea? La explicación está en los cambios físicos que atraviesa el cuerpo tras la muerte. Con el paso del tiempo, la piel comienza a deshidratarse y retraerse, lo que provoca que partes del cuerpo queden más expuestas. Este proceso hace que las uñas parezcan más largas y que la raíz del cabello sea más visible, generando una ilusión óptica.
Este efecto fue malinterpretado durante siglos, en épocas en las que no se conocían los procesos biológicos y celulares del cuerpo humano.
Al no existir una explicación científica clara, la apariencia externa del cadáver dio lugar a una creencia que se transmitió de generación en generación.
Hoy se sabe que lo que se observa no es un crecimiento real, sino una ilusión provocada por la deshidratación y retracción de la piel tras la muerte.