La reacción de la participante fue de profunda tristeza, mientras recibía el apoyo tanto del conductor como de sus compañeros dentro de la casa. El episodio dejó en evidencia que, incluso en un formato tan estructurado como Gran Hermano Brasil, hay situaciones donde la realidad se impone y obliga a priorizar lo humano por sobre el juego.
Este momento ya quedó marcado como uno de los más emotivos en la historia del reality, no solo por la pérdida sufrida por Ana Paula, sino también por la decisión de la producción de romper el aislamiento para contenerla en su dolor.