La ubicación también resulta importante en lugares donde se registran temperaturas muy bajas. Si el agua queda acumulada dentro del candado y se congela, su expansión puede ejercer presión sobre las piezas internas y provocar daños. Al facilitar el drenaje, el orificio ayuda a evitar esa acumulación y disminuye el riesgo asociado al congelamiento.
El agujero también puede utilizarse para el mantenimiento del mecanismo. A través de él es posible aplicar lubricante en las partes internas del candado, lo que facilita el engrase sin necesidad de desarmar el dispositivo.
Además, el pequeño conducto permite una ventilación básica del interior. Ante variaciones de temperatura, esta circulación de aire puede contribuir a reducir la acumulación de humedad y condensación dentro del mecanismo.
Por eso, aunque pueda parecer extraño que el agujero esté ubicado justamente en la parte inferior, su posición responde a una decisión de diseño. El lugar favorece el drenaje del agua y la humedad, ayuda a proteger el mecanismo frente a las bajas temperaturas y facilita su mantenimiento.