Aunque en un primer momento se especuló con la presencia de algún virus circulando dentro del plantel, el técnico descartó esa hipótesis y atribuyó el problema al enorme desgaste físico que sufrió la delegación durante el torneo.
Noruega instaló su base en Greensboro, Carolina del Norte, pero desde allí debió viajar constantemente a Boston, Nueva Jersey, Dallas y ahora Miami. Según Solbakken, la combinación de vuelos, cambios de clima, aire acondicionado y pocas horas de descanso terminó pasando factura.
"El aire acondicionado, los vuelos, los vestuarios... son muchísimas horas de viaje. Todo eso termina afectando al cuerpo", explicó.
Sin embargo, hay casos que generan una preocupación especial. Jorgen Strand Larsen llegó a tener fiebre y debió perderse un entrenamiento en los días previos al encuentro frente a Irak. Por su parte, Marcus Holmgren Pedersen terminó exhausto durante el histórico partido contra Brasil y abandonó el campo con claras señales de agotamiento.
Sobre este último, Solbakken realizó un análisis que llamó la atención: "Creo, sin ser médico, que también tiene que ver con la juventud. Llegó pensando que sería suplente, terminó jugando dos partidos de enorme nivel y acumuló muchísimas emociones. Su cabeza y su cuerpo comenzaron a resentirse", sostuvo.
El propio entrenador confesó que el impacto del Mundial también lo golpeó personalmente. Después del histórico triunfo frente a Brasil, lejos de salir a celebrar, reveló que apenas pudo mantenerse en pie: "Estaba demasiado cansado. Me fui directo a la cama, volví a mirar el partido y casi no pude dormir", reconoció.
Ahora, Noruega enfrenta una carrera contrarreloj. Restan apenas unos días para recuperar físicamente al plantel antes del esperado choque frente a Inglaterra, uno de los máximos candidatos al título.
Lo que comenzó como una aventura inolvidable para la selección revelación del Mundial podría transformarse en una auténtica pesadilla si los problemas físicos continúan multiplicándose. Después de sorprender al mundo eliminando a Brasil, el equipo nórdico ahora deberá demostrar que también puede vencer a un rival mucho más silencioso e impredecible: el desgaste extremo que deja una Copa del Mundo.