Pero con los años, algo cambió. Colombini relató que empezó a sentirse desconectada de sí misma: “Empecé a no reconocerme en la voz, en las frases, más allá de la edad. Dejé de reconocerme y empecé a buscar en qué sí me reconozco”.
Hoy, su presente está ligado a una vida completamente diferente a la que conoció en las pasarelas: “Tiene que ver con el mundo de la huerta, de las plantas nativas, del compostaje. Estoy con las manos en la tierra, camino descalza por mi jardín y sé que a mí eso me hace bien”, aseguró.
Su reaparición no solo sorprendió a quienes la recuerdan como uno de los rostros más reconocidos de la moda argentina e internacional, sino que también abrió un debate sobre el paso del tiempo, la presión estética y la necesidad de reencontrarse con lo esencial.