Fernanda Iglesias sorprendió a todos al abrirse sobre su pérdida de peso y dar detalles que pocos se animan a contar. “No me operé, no hice una dieta milagrosa, pero bajé 10 kilos y sí, tenía hambre”, fue una de las frases más contundentes que lanzó durante su relato. La polémica está servida porque reivindica el uso de la semaglutida, una inyección que controla el apetito, pero que no es recomendada para todos ni fácil de conseguir.











