Personas cercanas al entorno señalaron además que habría atravesado momentos de profundo desgaste emocional y un marcado deterioro físico.
La frase que más repercusión generó sobre su presente fue una confesión tan dura como desgarradora: “Me dejaron sin familia, me destruyeron”.
La situación de Yamina Kroh tampoco fue sencilla. La madre de Nahir decidió respaldar públicamente a su hija y manifestó en distintas oportunidades que creía en la versión que ella sostenía sobre los hechos.
Esa postura terminó profundizando la distancia con Marcelo Galarza y aceleró la ruptura definitiva de la pareja.
Con el paso de los años, Yamina también realizó declaraciones sobre presuntas situaciones de violencia que habría vivido durante su matrimonio y aseguró que el caso de su hija la llevó a replantear gran parte de su vida personal.
Según trascendió, incluso habría contado con medidas de protección tras la separación.
Desde entonces, su realidad quedó dividida entre dos frentes: acompañar a Nahir durante su condena y enfrentar el peso de una exposición pública que nunca desapareció por completo.
Mientras Nahir continúa detenida, sus padres parecen representar una de las consecuencias menos visibles del caso: la destrucción de una estructura familiar que quedó atrapada en medio del dolor, los cuestionamientos y las acusaciones cruzadas.
Ya no existen imágenes familiares conjuntas ni señales de acercamiento entre las partes. La distancia parece haberse convertido en una realidad definitiva.
Lo que alguna vez fue una familia unida terminó transformándose en una historia atravesada por la tragedia, el enfrentamiento interno y el impacto de un crimen que marcó para siempre a todos los involucrados.
A siete años del asesinato de Fernando Pastorizzo, Marcelo Galarza y Yamina Kroh intentan reconstruir sus vidas por caminos separados.