No, a los comentarios desagradables en la calle, no. Te miran como si fueses un bicho raro. Mi papá me defendía de los comentarios ordinarios en la calle, que fueron un montón. "Mi papá me defendía de los comentarios ordinarios en la calle, que fueron un montón "Mi papá me defendía de los comentarios ordinarios en la calle, que fueron un montón. Y no son solo de hombres".
"Las mujeres también a veces son muy dañinas. "Por qué no te sacás", dicen. Como si eso fuera no tener que someterte a una operación, que además sale un montón de plata que las obras sociales no cubren". Y cuenta que también le preguntan: "'¿Quién se puede quejar de tener muchas tetas?' Hay muchos deportes que no podés hacer, si no podés encontrar un corpiño para entrenar ni siquiera podés ir al gimnasio. Están los dolores de espalda. Si querés hacer natación, ¡andá a encontrar una malla!".
Agustina Guz, de Bake Off y cómo empezó a fabricar corpiños para chicas "tetonas"
En noviembre de 2021 Agustina estaba de vacaciones con su novio y subió a sus redes sociales fotos suyas en la playa. Ahí empezaron las consultas entre sus más de 400 mil seguidores. Ella vio la oportunidad. "Noté que hay un mercado que no está satisfecho. Consulté qué les gustaría, fui haciendo encuestas para elegir colores, talles que usan. modelos que les gustan y me puse a desarrollar el producto".
A 8 meses de haber sacado la primera partida de lo que ella llama "corpiños para tetonas" está cansada pero con entusiasmo. Y sus clientas le piden más. "Me dicen que persista, me agradecen, me mandan fotos de productos de afuera, vienen y se prueban prendas para ajustar los modelos con la esperanza de tener el producto", cuenta la emprendedora.
"Mi mamá recorrió conmigo cuanto local se te ocurra. O me decía que trajéramos prendas de afuera. Siempre minimizaba el problema", cuenta Agustina. "Descubrí que a muchas les pasa lo que me pasaba a mí: no pueden encontrar lo que necesitan para sostener su busto y están súper contentas".
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La experiencia del crecer siendo "tetona"
Agustina acomoda las etiquetas blancas con el nombre con que imprimió su marca, "D' talles by Aguz". Mientras coloca algunas en los corpiños, cuyo talle más chico es 110, asegura que sus padres fueron la red que la sostuvo mientras creía y su cuerpo cambiaba. "A mí los comentarios me afectaban. Tengo mucho apoyo de ellos, me hablan un montón. Si no, creo que hubiera caído un par de veces".
Según cuenta a los 13 años una preceptora con una frase que la hirió. "¿Comió mucho pollo durante las vacaciones?, me dijo cuando empezamos las clases. Fue el primer comentario que me descolocó. Después, pasaba de no poder caminar o tener que estar tapada hasta la nariz para no escuchar al vulgar de la esquina y eso no está bueno".
La joven pastelera se define como alguien de carácter. "Yo no contaba eso en mi casa. Me defendía sola porque para mí era un ataque".
Y recuerda que, cuando tenía 23 años, le tiró un celular por la ventana de un colectivo a un hombre que le había sacado una foto de su busto. "Tuvo la mala suerte de que le salió el flash y me di cuenta. Le arranqué el teléfono y lo tiré. Me empezó a gritar y yo grité el doble. Lo peor es que él me saca una foto y la loca soy yo. 'Estaré loca pero no soy una atracción turística. No le sacás más a nadie una foto que no quiera'", le responde en un diálogo imaginario.
Bake Off en el recuerdo
Agustina ya había capitalizado su paso por el reality show Bake Off con un emprendimiento. Cuando terminó el programa empezó a dar clases de pastelería en "Espacio De Dos", la empresa que armó junto a. Hoy siguen con el proyecto en forma presencial y virtual. También en el espacio de una empresa importante de electrodomésticos. "Ya tortas no hago porque no me da el tiempo", dice y cuenta que ahora solo cocina para la familia.
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Sus cursos están orientados a emprendedores. "Les decimos que cobren su trabajo, que sean prolijos. Tenemos mucha aceptación", dice. "Vi la última temporada de Bake Off salteada y pensaba: 'menos mal que esto para mí ya se terminó', porque el estrés que viví no se o deseo a nadie", reconoce. "Fue divertido y estoy feliz de haber participado pero fue mucho".
Sobre la mesada de la cocina integrada se ven dos máquinas de pastelería y al lado un estante con frascos de vidrio grandes repletos de harina cuatro ceros, esa que se usa para hacer tortas. A pocos metros, arriba de la mesa blanca hay muestras de lycra de distintos colores. Agustina agarra una y la estira con su puño: "así veo si sirve, es importante que no se transparente", explica.
Y cuenta que hace años hace terapia. "Hoy me río, digo que no hay forma mejor de transmutar que lo que estoy haciendo. De algo que siempre fue una característica hago, sin quererlo, un negocio. Busco hacer de un problema una solución para un montón de otras personas".