Qué pasó. Celeste Ayala, una agente de la Bonaerense de 27 años, estaba trabajando en el Hospital de Niños de la ciudad de La Plata cuando pasó por una sala y escuchó a un bebé llorando desesperado. La oficial pidió permiso a los médicos para alimentarlo con su pecho, ella les contó que fue madre hace poco y podía distinguir que ese llanto era de hambre. Los médicos se lo permitieron.
