El andaluz se enloquece con Buenos Aires. Vive como un porteño. El éxito se le transforma en algo personal. Lo que era un viaje fugaz se extiende en el tiempo y se queda en la ciudad por espacio de seis meses.
Se muda a la habitación 704 del Hotel Castelar, sobre la Avenida de Mayo, e incluso vive la experiencia de recibir el año nuevo en un mes de verano.
Embed
ESTRENO BODAS DE SANGRE HOR
El poeta granadino se reúne con amigos en el Café Tortoni, pasea por Buenos Aires, y una noche se produce un encuentro cultural sin precedentes.
Se cruza con el mayor ícono porteño en la esquina de Corrientes y Libertad. Una sonrisa y dos brazos abiertos se funden con el cuerpo de Lorca ante un revuelo de miradas, gritos y aplausos.
Era Carlos Gardel. Se fueron juntos a la casa de El Zorzal, en el barrio del Abasto. Carlos, con su guitarra, le cantó "Caminito", "Claveles Mendocinos", "Mis flores negras". A su vez, Federico tocó en el piano canciones típicas españolas.
Fue una velada única, de la que no quedaron ni filmaciones, ni fotografías.
Fue la primera y la última vez se verían.
Carlos Gardel moriría en un accidente aéreo en Medellín, el 24 de junio de 1935. Un año más tarde, un escuadrón franquista fusilaría a Federico García Lorca, el 18 de agosto de 1936.
Embed
DIBUJO REALIZADO POR GARCIA LORCA HOR
Dibujo realizado por Federico García Lorca
Romance de la luna, luna
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Poema de Federico García Lorca - Libro: Romancero Gitano -1928