La credibilidad del ministro de Economía ha ido en constante descenso en la negociación. Es que frases como "no podemos pagar más" y después proceder a mejorar sustancialmente la oferta provocaron que la contraparte hiciera caso omiso a sus declaraciones. Lo mismo con la frase "es la última oferta".
El problema para el Gobierno es que ni siquiera puede avanzar en canjes parciales, lo que igualmente era un sinsentido. Por ello, la salida política, inclusive, es la postergación de vencimientos de recepción de ofertas y abrirse a negociaciones dada la escasa diferencia entre las partes. Los acreedores en el último comunicado se mostraron dispuestos a obtener una solución de consenso que beneficie a las dos partes.
Pero nada es gratis. El costo de seguir demorando el cierre del acuerdo es alto, dado que se siguen devengando intereses sobre los 68 mil millones de dólares de la deuda bajo legislación extranjera. De hecho, en la oferta argentina existe un bono para pagar los intereses vencidos con un vencimiento al 2030. Podría estimarse en 500 millones de dólares mensuales ese costo de seguir extendiendo plazos. Pero al menos todo indica que en esta ocasión será la última extensión.