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La mentirita

Biografías desconocidas de jugadores fantásticos III: Lutz Pfannenstiel y su devoción por ser olvidado

por Guido Albamonte | 19 de junio de 2020 - 19:05
Biografías desconocidas de jugadores fantásticos III: Lutz Pfannenstiel y su devoción por ser olvidado
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Ilustración: @ProtoJulieta

Lutz Pfannenstiel es un ex arquero alemán y actualmente se gana el pan como Directo Deportivo del Fortuna Düsseldorf, equipo que pelea por no descender en la Bundesliga.

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Un trotamundos exótico.

Pero lo atractivo del hombre de 47 años no pasa por lo que hace fuera de la cancha sino por lo que hizo dentro: jugó en 25 clubes, 5 continentes, y es el único jugador en disputar las 6 confederaciones de la FIFA (CONMEBOL, CONCACAF, UEFA, AFC, CAF, OFC).

Jugó en las las ligas de Malasia, Sudáfrica, Singapur, Finlandia, de nuevo Singapur, Nueva Zelanda, Noruega, Canadá, Armenia, Albania, Brasil y Namibia, entre otras.

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La sonrisa de la ausencia próxima.

Sería injusto no remarcar uno de los hechos por los que fue noticia Lutz: en Singapur fue acusado de arreglar partidos, estuvo preso durante 101 días y fue liberado por falta de pruebas. "Me rompieron la nariz tres veces, pero después de tanto tiempo encarcelado te convertís en un monstruo y podés defenderte", comentó en 2018.

Su historia, como la de Sebastián Abreu, está signada por variar de equipos y de ciudades constantemente. Pero a diferencia del Loco, el nacido en Swiesel hizo todo lo posible para no ser recordado en ningún lugar donde jugó: ganó un título en la liga de Finlandia en 20 años de carrera y cuando podía elegir en qué club hacerlo, siempre escogía el más ignoto.

Se movía de club en club para dejar un espacio. Iba a un nuevo club para poder abandonarlo. Su anhelo, decía, era no tener sentido de pertenencia por ningún club en el que jugó, sino por el contrario, desidentificarse. Sentirse extraño y despojado de él mismo en cada club al que arribaba. Decía que lo importante es dejar el espacio vacío, que la ausencia es más rica que la presencia porque abre más posibilidades.

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El desidentificado.

Esta filosofía la adquirió (el psicoanálisis no iba a dejar que sea de otra manera) gracias a sus padres: lo abandonaron de chico y se crió en un hogar. De ahí que la omisión de su presencia haya sido tan relevante para Lutz, que ve en el espacio vacío que ellos dejaron un viaje incesante de transformaciones.

Lutz termina una sinuosa carrera de grandes ausencias con la sensación de la tarea cumplida: no ser recordado por nadie.

Colaboración especial: María Zunilda Pereyra

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