El juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público, sentenció él escritor mexicano Juan Villoro queriendo profundizar en “Dios es redondo” sobre la extrema pasión con la vivimos el fútbol.
El juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público, sentenció él escritor mexicano Juan Villoro queriendo profundizar en “Dios es redondo” sobre la extrema pasión con la vivimos el fútbol.
Esta claro que esta final inédita entre Boca y River no dará para posturas impostadas, todo lo que ocurra será tan visceral y hasta irracional, que nos desnudará como sociedad. Para bien o para mal.
En la mente del hincha hay temor a la frustración, al oprobio eterno, con el significado que tiene la cargada en la cultura futbolera Argentina.
No tenemos similitudes en otros lugares del mundo porque ninguna disputa comprende a todo un territorio como la de Boca y River. Y porque el hincha argentino se enorgullece (lo vemos en los mundiales), de ser como es.
Algunos lo explicarán desde cierta neurosis colectiva que se canaliza por la locura que te producen tus colores.
Este pánico que los hermana a los hinchas de uno y otro. Este cruce indeseado, ni siquiera es mirado con indiferencia por los hinchas de otros equipos, que tampoco quisieran proyectar un partido definitorio con su clásico rival.
El fútbol que sucederá esta tarde en la cancha, será la mente del jugador liberándose con su forma de expresarse. Y esa catarsis también los desnudará. Habrá jugadores sueltos y otros que lucirán atados o agobiados por el temor a perder.
Es de suponer, al recoger experiencias, que el futbolista al competir desde pequeño desarrolla anticuerpos para superar estos contextos. La sicóloga deportiva Luciana Vainstock asegura que esa supuesta capacidad del futbolista “representa un 10 % más en el manejo de la presión que la del común de la gente”.
En la mente popular se jugará por siempre, en la cabeza del jugador los sueños pasarán por alcanzar la inmortalidad.