Pasaron 11 días hasta que Cevher Toktas se entregó a la policía y explicó que había asfixiado al niño con una almohada porque "no lo quería", no porque tuviera miedo del coronavirus ni nada parecido. El propio asesino describió la aberrante situación: “Puse una almohada en la cabeza de mi hijo, que estaba acostado boca arriba. Apreté durante 15 minutos sin parar. Mi hijo resistió un tiempo. Cuando dejó de moverse, saqué la almohada. Luego llamé a los medicos para que no sospechasen nada”, tras ser preguntado por los motivos de su crimen, y que dejó sin palabras a los agentes.