Qué pasó. Aunque no pudo salir a la cancha y debió observar todo desde una cabina, y si bien no fue él quien marcó los dos goles para revertir el 0-1 de la ida, detrás de la victoria ante Gremio que puso a River en una nueva final (la número 12 de su era) se esconde la figura de un hombre, de la Marcelo Gallardo, el verdadero orfebre de la hazaña en Porto Alegre y el que no tuvo reparos en desafiar al reglamento para estar otra vez allí arriba. “Ganamos un partido histórico”, fueron algunas de las palabras del hombre al que el apodo de Napoleón ya parece quedarle chico.
