Publico historias de Instagram (@A24noticias, copate) con lo que está pasando en La Boca y la tormenta imposibilita sacar el celular: me refugio en una cervecería, de capacidad limitada y corazón grande. Me encuentro (no casualmente) con amigxs, me seco y presto atención a la pantalla gigante, que todavía tiene el contador para el arranque: dice que falta 1.30hs pero el bar está lleno. Algo no cierra.
Confirmado: Boca y River juegan mañana, domingo, a las 16.00hs. Las gotas son menos y vuelvo a salir a la calle para la cobertura. La gente, empapada, sale cabizbaja y con ciertos aires de "qué alivio". La siesta y las facturas bajo techo son una tentación en este contexto.
Saco fotos, grabo videos. Los parrilleros y su clientela están bajo gazebos. Hay escobillones sacando todo el agua que, a pesar de las famosas escalinatas de La Boca, llegan arriba. En la salida de Brandsen, ponen una balsa para esquivar una considerable laguna. Ni Soriano pudo haber escrito algo así.
A punto de volver para mi casa, llovido sobre mojado y viceversa, me encuentro en la esquina de Aristóbulo y Patricios a un señor grande en una silla plegable, que me quiere vender unas garrapiñadas, mientras le saco una foto por lo pintoresco. "Dale, boludo, dale, que mañana van a estar más caras".