Se lo llevaron y entraron a un campo oscuro. "El que me apuntaba, me decía: 'no levantes la cabeza porque te la vuelo'. Hasta que en un momento indican: 'Ahora bajate'. Y me bajé. Recién ahí me di cuenta de que estaba el otro auto que los acompañaba", contó. Luego lo hicieron caminar y creyó que lo fusilarían, pero luego huyeron.
"Me fui por el descampado. En ese momento apreté los dientes. Sentía que iba a venir el disparo, que iba a ser boleta. Caminé, caminé, había yuyos… Hasta que siento que se va un auto; me doy vuelta y era el mío. Y me quede ahí. Respiré", siguió. Le robaron el auto, una cadena, un anillo y dinero en efectivo.
Un automovilista que pasaba por ahí lo subió a su auto y lo acercó hasta la comisaría a tres cuadras de su casa en Martínez y lo reconocieron. El comisario le demostró que habían sido "policías o militares". A los dos meses, ya concentrado con la Selección, encontraron el vehículo e identificó a uno de los sospechosos en una rueda de reconocimiento. "Y era un milico. Pero no dije nada. No sé, me dio miedo, pensé que sería peor".
Por eso prefirió el silencio. Hasta hoy... cuarenta y dos años más tarde.