vivencias

Esa primera vez...

Agustina Gewerc
por Agustina Gewerc |
Esa primera vez...

La Academia es el equipo; La Guardia Imperial es la hinchada; y El Cilindro es el estadio. Memoricé estos tres conceptos, tenía miedo de pifiarla y quedar como una burra, que es, al fin y al cabo, lo que soy. Estoy yendo a ver a Racing, a ver "un partidazo", según me dijeron, contra Huracán. Avellaneda no es tan lejos si se va en auto. Opté por este medio de transporte porque la full experience de ir con los muchachos en el 95 me parecía demasiado para una primera vez.

Ya a cinco cuadras de la cancha está lleno de gente con diferentes camisetas de diferentes temporadas. Algunas están más nuevas, otras más gastadas, pero esto no es nada nuevo para los que alguna vez fueron a ver algún partido de fútbol. Sigo caminando, intentando no sorprenderme con las cosas más obvias.

Llevo puesta una camiseta que se hizo por el día de la madre con el número 8 y el nombre de Pol Fernández. Me gusta llevar la camiseta de un jugador algo impopular, acusado de "pechear" en los últimos partidos. Me siento especial, como sintiendo algo por esos colores y por ese jugador. Es impuesto, realmente no sé qué siento por la mayor parte de las cosas que hago, pero quién me va a venir a juzgar, hoy juega la acadé.

Según comprendí, pechear es algo así como llegar al arco del contrincante, solo y con la pelota a favor, y no meter el gol. Eso es tener el pecho frío, que te falte sangre, calor, valor, fuerza. Más adelante, cuando Pol pifie una jugada que podría haberse convertido en gol, un chico al lado mío le va a hacer señas a un amigo, se va a tocar el pecho y le va a decir “qué frío el ocho, eh”.

Antes de que empiece el partido, el miedo que tengo es que me pase como en casa: ya casi que no puedo hacer ni mirar nada durante 45 minutos sin agarrar el teléfono ni distraerme con otra cosa. Tengo miedo de aburrirme, de estar queriendo scrollear Twitter todo durante todo el evento. El primer tiempo empieza con un folklore que ni tiene sentido que describa, pero me fascina. El miedo se disipa. Es imposible no ser hincha de Racing en la cancha de Racing durante un partido de Racing.

Mi papá es de River y entiendo que por esa razón, hasta hace pocos meses, siempre cuando me preguntaban de qué equipo sos contestaba que de River. Me pasa lo mismo con los signos del zodiaco, hay que tener una respuesta para esas preguntas mundanas, no se puede no ser de nada.

Otra obviedad con la que me encuentro: en la cancha nadie te cuenta el partido, nadie te va a mostrar la repetición de la jugada por si no llegaste a verla en vivo. Eso hace que esté más atenta, que siga a la pelota (chiquita, de lejos) casi sin distraerme. Veo las faltas en vivo, las identifico. Me siento sólida. Mi compañero me va pasando información: "este es Lisandro, este jugó en Chile, este viene de Boca". Segundos antes de que el árbitro saque una tarjeta amarilla, lo veo a él hacer la seña que indica tarjeta. Al lado de él me siento más firme.

Al primer tiempo lo disfruto, saco fotos, filmo a la hinchada cuando canta canciones, me divierto. En los primeros minutos del segundo, Huracán empata y me pongo tensa. Pasan varios largos minutos hasta que Racing vuelve a tener ventaja y me doy cuenta lo nerviosa que me había puesto. Me duelen los hombros y las piernas. Hay algo en el ambiente que se notaba difícil, no era solo yo pero lo sentí en mi cuerpo.

El hincha de Racing tiene algo especial, hay que reconocerlo. Ser de Racing tiene mística y te hace distinto. En todo el primer piso del edificio en el que trabajo en el que seremos, estimo, unas cuarenta personas, hay un solo hincha de Racing. Ser de River es como ser fan de Los Beatles, siempre funciona, siempre suenan bien, a todos les gusta. Racing es un pueblo sufrido. Tienen logros que nadie jamás les va a reconocer, fueron pioneros en muchas cosas, el club casi deja de existir por problemas económicos, tuvieron años de perder de local al último minuto, y aún así, ser hincha de Racing pareciera sentirse como un orgullo, como algo que no se puede explicar. Néstor era de Racing, el estadio se llama Presidente Perón. Si todo eso no se siente como un calorcito en el pecho, decime qué se siente.

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