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Racing clásico: Lisandro más diez

Agustina Gewerc
por Agustina Gewerc |
Racing clásico: Lisandro más diez

Son las 20.43 del sábado a la noche y acabo de contratar el pack fútbol. Voy a pagar 455 pesos por mes porque en menos de 45 minutos empieza el clásico de Avellaneda, un partido que promete ser épico. Y lo voy a ver. Yo, que hasta hace dos meses no sabía que el Cilindro y la cancha del Rojo quedaban en la misma localidad ni mucho menos que están a unos metros de distancia.

Escucho que Matías Martin dice que la formación de Racing es 4-1-3-2. No entiendo pero me quedo callada: saco cuentas, eso más el arquero suma once. Repaso el mapa de la cancha y esbozo una teoría: la Academia forma con más defensores que delanteros. Me pregunto si eso será bueno o qué significará.

Estoy en fase de instrucción, todavía siento que me falta entender mucho sobre el juego antes de considerarme hincha de Racing. Desde que fui a la cancha aprendí algunas cosas y de a poco me voy sintiendo sólida, pero este clásico me pone en jaque. Me dicen que jugar de visitante no siempre es más difícil. Antes pensaba que como los jugadores no conocen tanto la cancha y no tienen su hinchada eso podría desmotivarlos, pero ahora aprendo que en realidad puede que eso, en el marco del campeonato local, le saque una carga, se sienta con menos presión.

Me encomendaron esta nota sobre el partido y realmente intento concentrarme. Un compañero de trabajo me sugirió que haga un 1x1, es decir, que escriba algo sobre los 11 jugadores de Racing que están en la cancha como titulares. Lo intento pero, honestamente, ¿quién ve 11 jugadores? Logro seguir al que tiene la pelota y automáticamente me olvido de su nombre, de su cara y de que existe cuando se la pasa a otro.

A los casi cinco minutos del primer tiempo Racing hace el primer gol y lo festejo, con alegría, pero todos sabemos que en la Academia todo se sufre, y fiel a su estilo, a los diez minutos del primer tiempo Racing empieza a fallar. No identifico cuál es realmente el problema pero cuando la pelota empieza a estar más en el área propia que en la del contrincante, hay problemas. Me pasa como en los recitales: no sé mucho de sonido, pero si no se escucha bien la voz del cantante, si no se pueden cantar las canciones, hay algo que no está bien.

Pasan los minutos y mi compañero me explica que Racing “no está jugando a nada”. Independiente empata y después Lisandro mete un penal que nos deja 2-1, ganando. Aún así, durante la mayor parte del segundo tiempo Racing no tiene actitud de ir ganando. En esta casa ya se abrió el fernet, el partido está lleno de patadas y acá estamos todos sufriendo. Ganando, pero inexplicablemente sufriendo.

Tengo puesta la camiseta de Pol Fernández, a quien veo patear siempre los tiros de esquina, pero desde que vi Racing-Huracán en el Cilindro que no dejo de pensar en Lisandro. En realidad me terminó de conmover en el partido ante Godoy Cruz, cuando besó a Cvitanich con la potencia de un deportista que brilla en un festejo de gol. Me atreví a comentar que su rol en la cancha es un poco como el de Mascherano en el mundial de Brasil, pero me dijeron que no, que nada que ver, que es otro estilo. Okey, entiendo. Me callo y aprendo.

No comprendo del todo la técnica pero a mí me parece que Lisandro baila en la cancha, que mueve piedras gigantes con los pies, que abre espacios, físicos y virtuales. Siento que es como una especie de voligoma que los mantiene a todos juntos en el equipo, que los defiende, que los protege. Debe ser buen consejero Lisandro. Su aspecto es bien distinto al del resto de los jugadores y no es difícil identificarlo de lejos. Luce una pelada que lo hace sabio y pensativo.

No me cuesta reconocer las hazañas de Lisandro, tampoco las del arquero Arias. Fiel a la épica, al sufrimiento y a la tensión que se mantiene los noventa minutos del partido, Racing hace un gol que no tiene ningún sentido en los últimos segundos de los minutos que se le agregan al segundo tiempo. El partido termina 3-1 pero la tensión no se disipa. Ser de Racing ahora, entiendo, no solo es sufrido durante los partidos, es un estilo de vida. Tengo la camiseta puesta pero no se sale a festejar, queda mucho por delante, y hasta abril acá nadie se relaja.

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